Aunque el presidente venezolano Hugo Chávez obtuvo mayoría en las recientes elecciones legislativas, la votación alcanzada por la oposición se acerca bastante, lo que podría ser un indicio de desgaste en la popularidad del líder socialista, después de más de once años en el ejercicio del poder político.
Contra Hugo Chávez se ha montado una campaña mediática internacional, en la que se le define de autoritario, demagogo y aliado de grupos terroristas. Se trata de una infamia de sectores ultraderechistas que sueñan con su eliminación física o por lo menos su salida del poder.
Un jefe de Estado no se valora porque hable mucho o hable poco. Chávez puede exhibir grandes transformaciones sociales en beneficio de los segmentos más pobres de Venezuela; el petróleo dejó de constituir un botín al servicio de los políticos tradicionales, eliminó la corrupción administrativa, los privilegios de la oligarquía y la cúpula de la Iglesia Católica.
Sus enemigos le acusan de dictador autoritario, pero ¿dónde está el autoritarismo? En los últimos once años en Venezuela no se ha eliminado a ningún opositor al régimen, no hay presos políticos y todos los ciudadanos se expresan libremente. En Venezuela las elecciones son libres y a Chávez no le perdonan el haber triunfado en los procesos en que ha participado.
El poder desgasta. Y aunque Hugo Chávez obtuvo mayoría parlamentaria, los resultados electorales revelan baja en su popularidad. En un futuro podría ser desalojado del poder, pero sería retroceder en todos los órdenes, volvería la corrupción, los privilegios, dilapidación de los recursos y hasta falta de libertades, lo que llevaría a la rectificación y vuelta del chavismo.
La incidencia política de Chávez es grande. Si lo sacan del poder por vía del sufragio, por esa misma vía retornaría; si lo eliminan es peor, porque estarían sembrando la violencia para siempre, como ocurrió en Colombia con la muerte de Gaitán.

