Opinión

El chavismo sin Chávez

El chavismo sin Chávez

El dilema del chavismo sin Chávez debe ser la cuestión principal. Pero el fanatismo propende a cerrar las mentes, privándola de útiles estrategias y oportunas tácticos. Sobre todo cuando el tiempo apremia. Se trata, sin embargo, de detalles que, en momentos como estos, a quienes están en el campo de batalla les entran por un oído y les salen por el otro. Supongo que a todos nos pasa cuando estamos de lleno en ellas. Están dadas las condiciones para que la mitificación se apodere del todo el cuadro político, generando confusiones y toda suerte de temores.

Cuándo y cómo haya muerto Hugo Chávez no trascenderá ni alterará sus aportes a la historia de Venezuela. Inútil ejercicio ese de cuestionar la forma y fecha cuando parte un gran hombre. Su sencillez, humildad y notable buen humor definieron su jovial personalidad. Es lo que se queda.

“La adorable sonrisa del tiempo y el alma levantada y generosa del que marcha en la historia encarnando el ideal de un gran pueblo”. Retrato del poeta sobre Enrique V, que tomamos en la ocasión sin pecar de exagerado.  Tales cuestionamientos contribuyen a consagrar el mito  Chávez, dando paso a múltiples leyendas. Las mismas con que se tejen los sueños y ambiciones. Provocadoras de miedos y, también, de esperanzas, materia prima con la se crean nuevos ideales. Por tanto, toda negación tiende a consolidar o concentrar sentimientos.

Es lo que ocurre en Venezuela.  Las emociones entraron en conflicto, obviando la racionalidad. Sobran motivos para el odio, por supuesto. Para llorar y celebrar. La prolongada enfermedad de Chávez impidió reposar, y dar por terminadas ardorosas disputas.  En Venezuela no faltó el ácido componente del insulto personal y los más  íntimos cuestionamientos morales. Recurso que delata mezquindades. E insistir en restar autenticidad, dignidad y grandeza al acto de enterramiento de un gran estadista no es más que eso. La unidad motivada por el dolor inmediato parece no superar esta corta etapa. Pero la oposición insiste en una agenda irrelevante de encono y cuestionamiento a detalles solo para airear rencores. Los verdugos de Jesús le dieron vinagre, no para calmar su sed, sino para hacer insoportable el dolor.

La oposición pierde su tiempo –si lo emplea en eso-, tratando de refutar un evento que no supera ni alcanza la significación histórica que constituye la desaparición de un alma grande, y haya estado o no equivocado, Chávez lo fue, como lo es Fidel y como lo es Mandela. Su obra no muere con él.

Permanece en los corazones de millares de pequeñas almas agradecidas y solidarias. También en las mentes de sus herederos. De ahí que el chavismo sea una realidad que se prolongará como fuerza política, lo cual está fuera de cuestionamiento. No así que conserve el poder por antonomasia, pura y simplemente. Ese el tema a ser discutido.

Las ideologías personalistas, no necesariamente tienen asegurada la posición legada por su inspirador. No ocurrió así con el maoísmo, ni con el franquismo, ni con el trujillismo.  Con el peronismo se produjo un fenómeno excepcional, fuera de la lógica de poder que pretenden poner en práctica los  fervorosos seguidores de Chávez. Proyectan al líder como cristo libertario, sin percatarse si este modelo responde al esquema que demanda Venezuela.  Tampoco se vislumbra, así de pronto, a un autentico sustituto de Chávez. Maduro no presenta por el momento credenciales similares.  Ni siquiera canta y baila como su mentor y guía.

El Nacional

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