Opinión

El color de la delincuencia

<P>El color de la delincuencia</P>

Al margen de las estadísticas y de las conveniencias particulares, la delincuencia no se detiene en nuestro país. Las cifras pueden fluctuar, pero la naturaleza y magnitud de los hechos ha ido in crescendo, y no transcurre una semana o un mes sin que estemos en presencia de acciones criminales, cada vez más audaces y  conmovedoras.

La copa está a punto de derramarse, y no puede interpretarse de otra manera, desde que los propios cuerpos armados de la nación descubren que algunos de sus componentes se han constituido en bandas o pandillas, o son cómplices de actividades que contravienen la ley.

Decir que el malestar prevaleciente en las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional es igual al que impera en las demás esferas de la sociedad dominicana para restarle importancia a la gravedad de lo que viene sucediendo en los cuarteles, es una chabacanería  y un acto de irresponsabilidad mayúscula, que solamente pudiera encontrar justificación en las mentes de los que no ven mas allá de sus narices.

Las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional siempre han gozado del respeto y la máxima consideración de la ciudadanía.

No es lo mismo ni se puede hacer comparaciones, entre la inconducta de un militar o policía y las desviaciones sociales de un dominicano común.

El guardia y el policía están investidos de autoridad, y lo menos que se espera de ellos es que respeten y hagan respetar la ley.

Comparto el criterio de quienes sostienen, que la degradación de los hombres de armas, tiene mucho que ver con la politiquería y la permisividad de los gobernantes.

Hemos llegado tan lejos, que el apartidismo (no apoliticidad), de que hacemos gala, virtualmente ha desaparecido, porque no es  secreto  la nuclearización de los militares retirados en torno a los candidatos presidenciales, con la intención expresa de ser reintegrados y volver a exhibir sus charreteras.

A las instituciones armadas les ha hecho un gran daño el llamado espíritu de cuerpo, que consiste en la complicidad o tolerancia practicada entre sus miembros. Esto se explica por el ocultamiento de los culpables en los casos en que se han designado comisiones para la investigación de hechos que  son imputables a sus miembros.

Corresponde al doctor Leonel Fernández, como Presidente de la República y Comandante  de las Fuerzas Armadas, hacer uso del bisturí, y, sin contemplaciones, salvar a la mayoría de los militares y policías, que son buenos, de los malos, que son una minoría.

Al tratarse de un asunto tan delicado, como es el tema militar y policial, lo más pertinente es que las decisiones que hay que tomar estén revestidas de un sentido patriótico, alejado completamente de los intereses partidarios.

El color amarillo o verde olivo de la delincuencia, puede producir efectos devastadores para la nación. Con eso no se puede inventar.

priamohmp@hotmail.com

El Nacional

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