Hasta cierto punto es curioso que cuando llueve, la ciudad de Santo Domingo se inunda en sus principales calles y avenidas, mientras numerosos barrios carecen de agua potable.
Gobiernos van y Gobiernos vienen y sus principales representantes no se dan cuenta de que cada día, la ciudad crece y demanda nuevos servicios.
He dicho muchas veces que una de las posibles soluciones a la escasez de agua en Santo Domingo sería la construcción de la Presa de Madrigal, sobre el río Haina, en las cercanías de Villa Altagracia. Pero sucede que en el área del posible embalse de dicha obra, se han incrementado los asentamientos humanos sin control alguno.
Esto significa que en el momento en que cualquier gobierno decida retomar ese proyecto, se encontrará con el gran problema de las inversiones multimillonarias que tendrá que hacer para compensar a esos ocupantes de terrenos, la mayoría ilegales.
Esta situación no se debe descartar, por su cercanía a la capital y su regulación aportaría unos diez metros cúbicos por segundo al Acueducto de Santo domingo.
La Presa de Madrigal tiene más de veinte años en los archivos oficiales, a pesar de que se contaba con financiamiento del Banco Interamericano de Desarrollo (BID). Las pugnas políticas durante el segundo Gobierno del PRD (1982-1986) impidieron que el Congreso Nacional aprobara el contrato de préstamo, privando así a la ciudad de esa importante obra.
El actual Congreso tiene en sus manos legislar para que esas ocupaciones no continúen. La ley deberá establecer que no habrá compensación a ocupantes ilegales.
Estos comentarios los hacemos porque no sabemos de ninguna otra alternativa viable que resulte acorde con la capacidad económica del Estado para solucionar el problema del agua en Santo Domingo.
Se impone que las nuevas autoridades del la Corporación del Acueducto y Alcantarillado de Santo Domingo desempolven el proyecto de Madrigal.
Y hay que decir que, a pesar de las tormentas, el agua es un recurso escaso.

