Ni lo vi, ni lo escuché, ni lo leí. Estuve jugando dominó de lo más animado con un grupo de amigos y tomándome unos tragos. Me divertí. No perdí mi tiempo. Leonel Fernández dijo lo que dice siempre: que el país está mejor que Lola antes de las dos de la tarde. Que somos un paraíso. Que no hay problemas, y si los hay, el culpable es Hipólito Mejía.
La popularidad de Fernández ronda el 20%. Terminará su mandato con una imagen por el suelo, a pesar de los miles de millones pesos que está invirtiendo en recuperar su popularidad. Su largo y aburrido discurso lo vio poca gente. Le habló a su claque, a sus lacayos.
Leonel concluye 12 años de mandato. ¿Qué problema fundamental ha resuelto? ¡Ninguno, a pesar de haber manejado más recursos que ningún otro presidente en la historia del país!
Leonel ha elevado la deuda externa de 9 a 24 mil millones de dólares. Ha tomado prestado más de 500 mil millones de pesos. Y el déficit presupuestario de los últimos cuatro años es superior a los 200 mil millones de pesos.
Dicen los organismos internacionales que el 34% de los jóvenes del país no trabajan, ni estudian, lo cual explica de algún modo el nivel de inseguridad, asaltos, robos y crímenes. Casi la mitad de la población es azotada por la pobreza.
De acuerdo con el Foro Económico Mundial el índice de competitividad es muy bajo. La peor caída ha sido la nuestra en Latinoamérica. De acuerdo con ese organismo tenemos el gobierno más corrupto del mundo. De igual modo nuestra Policía es de la más corrupta y asesina. De 142 países, somos el número 140 en calidad educativa, el 140 en educación primaria y el 139 en matemáticas y ciencias. En salud también estamos entre los últimos. El déficit habitacional es de casi un millón.
Y con esas realidades el presidente Leonel Fernández nos hace un copiado de sus discursos anteriores, rodeado de funcionarios, para intentar convencernos de que vivimos en el país de las maravillas. ¡Qué cachaza!

