Opinión

El corazón europeo

El corazón europeo

Alvin Toffler afirmaba hace unos años que  “lo más evidente es que Estados Unidos y Europa se están separando porque Europa ya no se siente amenazada.  Eran íntimos cuando estaba la Unión Soviética al lado; en cuanto desapareció, los europeos se volvieron independientes.  Creo que la diferencia más grande y que se suele pasar por alto es cultural. Mientras Estados Unidos se afianza en la “tercera ola” la Unión Europea, por su Constitución, su política y   actitud hacia la tecnología se mantiene en la Edad Industrial”.

Sin embargo, y adelantándose a esas afirmaciones,  en mayo del 2000 el Consejo Europeo reunido en Lisboa – “la cumbre del camino al liberalismo”, aprobó un paquete de reformas.  El eje Blair-Aznar fueron los protagonistas triunfadores. Eminentemente económica, la cumbre de Lisboa decidió la desregulación de las telecomunicaciones, transporte, gas, electricidad, servicios postales, utilización del espacio aéreo, mercados financieros y reforma al sistema de pensiones con el objetivo de alcanzar, en 10 años, el pleno empleo, acceso al Internet y educación tecnológica desde la infancia.

El primer encontronazo de la cumbre de Lisboa fue con Francia por su negativa a la desregulación de energía y transporte al aducir, a través de su primer ministro de entonces, Lionel Jospin, que  esos dos sectores no tenían relación directa con la nueva economía y que sólo podía ser examinada desde una reflexión más amplia de la evaluación de los servicios públicos, que “representan el corazón del modelo europeo”.  Discursos y objetivos que parecían señalar el nuevo rumbo que tomaría la UE para colocarse con el empuje de un bloque que permitiera la competencia global frente a  Estados Unidos.

Durante esta década, la agenda política irrumpe en el escenario con la ampliación de los estados miembros, una Constitución de la Nueva Europa y el debate de una política exterior común como consecuencia de la división interna provocada por el apoyo de unos y la oposición de otros de interferir en el conflicto de la otrora Mesopotamia. La modernización del modelo social fue enterrada.

A 10 años, plazo para alcanzar el pleno empleo, parece que el “corazón del modelo europeo” está enfermo y la UE se convierte en  quirófano con la cirujana Merkel como directora del equipo médico.  ¿Cirugía al corazón del modelo europeo?

El Nacional

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