Opinión

El desarrollo humano dominicano

El desarrollo humano dominicano

La desarticulación de la Oficina de Desarrollo Humano del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, con la destitución de Rosa Cañete, Pavel Isa Contreras y Miguel Ceara Hatton, no solo deja malparada a la representante del PNUD, también –y sobre todo- al gobierno dominicano, porque queda demostrado que el control en la contención, es mayor que la libertad de la ciudadanía.

Esta constatación permanecerá más allá del puesto de Valerie Jullian, en un imaginario como el nuestro, cada vez más enrarecido con acciones represivas aplicadas, adornadas de cinismo, descaro y hasta desvergüenza. Este país no olvidará fácilmente el aniquilamiento de su derecho a conocer y participar en la búsqueda del conocimiento de la situación propia.

La administración actual del Estado dominicano, ha recuperado las viejas prácticas de la represión para que el pueblo se mantenga en la inercia que da la ignorancia y eso, no nos está gustando a muchas personas que confiábamos en el equipo de investigadores/as dirigido por Ceara Hatton, a partir de cotejar números con experiencias.

Es que los informes de Desarrollo Humano suministrados por el PNUD con este equipo, desde el 2005, eran comprobables, sentidos, experimentados y reales, en el terreno práctico, por lo que necesariamente, se convertían en un requerimiento para que, la misma administración del Estado, los aplicara para el desarrollo de la República Dominicana.

Tremenda paradoja, ya que en el enfoque propuesto por el PNUD desde entonces, el desarrollo humano, se ha basado principalmente en la propuesta de Amartya Sen y su concepción del desarrollo como libertad. Para el bengalí, Premio Nobel de Economía en 1998, la revolución que implica para las instituciones financieras, no será un resultado fácil de aplicación y en nuestro país, queda demostrado.

Nuestros personajes políticos y los partidos que los cobijan, están demasiado pervertidos como para considerar los aportes del llamado Economista del siglo XX y su planteamiento de que la libertad es el fin principal del desarrollo y es también, un medio, una herramienta para lograr ese desarrollo. Aquí, se prefiere hablar de “índices superados”, investigados al “ojo por ciento” y sin reflejo cierto, para mantener un concepto de desarrollo trasnochado y conveniente y desde la visión del estatus quo.

La ciudadanía dominicana debemos levantar la cabeza ante este disloque y dirigir los reclamos al PNUD por la vileza, pero también al gobierno dominicano, porque ambos han traicionado la obligación que tienen las personas apoderadas. Y al final, aquellos son extranjeros interesados, pero estos, da pena decirlo, nos representan.

El Nacional

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