Los hombres y mujeres a quienes en determinadas coyunturas históricas les ha correspondido incidir en la vida política nacional e internacional defendiendo la independencia plena, los derechos humanos, y las libertades públicas, o denunciando el fascismo, el racismo, el narcotráfico y otros vicios sociales, han tenido que soportar acciones odiosas y despóticas, así como los calificativos más denigrantes e infames.
En nuestro país, desde la Era de Trujillo hasta finales de la década de 1980, el mote de comunista, terrorista, anarquista se colocó a todos los que, en una u otra forma, se oponían a la represión, a los atropellos e injusticias.
Para justificar los actos más deleznables los gobernantes defensores del sistema, cuando las masas populares, hastiadas de tantas y tantas burlas y promesas incumplidas, se ponían en tensión, de inmediato utilizaban el argumento de que semejante proceder es por obra del comunismo internacional disolvente y ateo.
Ahora, después de la desaparición de los países socialistas de la Europa del Este, y el debilitamiento de la guerra fría, los ideólogos del sistema califican a los verdaderos revolucionarios como inadaptados, insatisfechos, desfasados, aliados de los narcotraficantes y los llegan a calificar como locos.
En nuestro país los que no se venden ni se rinden, de seguro que seguirán siendo objeto de las palabras más hirientes salidas de las gargantas de aquéllos que no han tenido, ni tienen, el valor de enfrentar al sistema social dominante, generador de hambre, miseria, opresión social y corrupción.
Cualquiera diría que los que se sienten bien bajo el ordenamiento social que padecemos los dominicanos, hasta cierto punto tienen razón en decir que son locos los que no hacen alianza con los que han disfrutado del poder político.
Ciertamente, algo tiene que tener de excepcional el hombre o la mujer que viviendo en este país no se ha vinculado con los crímenes ejecutados desde el poder ni se ha enriquecido con los dineros del erario y las empresas estatales.
Los llamados gavilleros durante la intervención norteamericana de 1916, terroristas y comunistas durante el régimen de Trujillo, son los que ahora son llamados inadaptados, resentidos y locos.
En un país donde predomina el tigueraje político, la corrupción es una institución y la impunidad regla del sistema, tiene que estar loco, perturbado, quien se enfrenta a los bandidos metidos a políticos, a los ladrones de los dineros del pueblo y a los que merecen estar en la cárcel.
De la misma forma que se ha comprobado que los gavilleros, en su época, y los comunistas sinceros en su oportunidad, han sido luchadores por los mejores intereses, también se llegará a demostrar que no son re sentidos ni locos los que ahora se oponen a los abusos, injusticias y lacras del sistema social vigente.
Hay una gran mayoría de dominicanos que están ansiosos, impacientes, locos porque llegue el día en que se acabe para siempre con la corrupción, la impunidad y la prostitución política.

