El discurso ayer del presidente Leonel Fernández ante las cámaras legislativas constituyó un buen ejercicio político y académico por presentar una República distinta a como la percibe la mayoría de la población. Falta saber si el mandatario pudo lograr tan difícil propósito.
De un amplio inventario de cifras sobre economía y de desarrollo humano, el jefe de Estado seleccionó números con colores atrayentes y excluyó datos que desvelan pesadumbre. La vieja contradicción entre ver el vaso medio lleno o medio vacío.
El punto fuerte de la pieza presidencial estuvo centrado en su proclama de estabilidad en indicadores macro económicos y el retorno al crecimiento (7.5%) del Producto Interno Bruto (PIB), pero los datos referidos a la disminución de la pobreza y de la indigencia (10%) no parecen resistir la menor confrontación con la realidad.
En torno al tema del endeudamiento externo, el mandatario realizó espectaculares maniobras con la fallida intención de demostrar que el valor neto de la deuda ha disminuido en vez de aumentar, aunque se acepta su argumento de que el Gobierno ha cumplido con sus acreencias, lo que ha significado más pobreza y marginalidad.
A pesar del reiterado recuento sobre la aprobación de leyes que garantizarían transparencia en la Administración Pública y su exhortación al Ministerio Público a perseguir la prevaricación, el Presidente no logró convencer a la nación en torno a una auténtica voluntad oficial para frenar la corrupción administrativa.
Se acoge sin mayores contradicciones la reflexión presidencial sobre los avances en la economía y consolidación democrática alcanzados por la sociedad dominicana desde la decapitación de la tiranía, hace medio siglo, aunque se advierte que son insuficientes y que la brecha social se expande en vez de estrecharse.
Los temas sobre control migratorio y reelección brillaron por su ausencia en el discurso presidencial, a pesar de que ocupan lugares cimeros en el debate público y en la angustiada ciudadanía.
Puede decirse que el presidente Fernández cumplió cabalmente con el requisito constitucional de rendir cuentas ante el Congreso Nacional, pero su discurso no llenó las expectativas colectivas. El mandatario logró, eso sí, reabrir el vago debate sobre el vaso medio lleno o medio vacío.

