La matanza de 72 inmigrantes a manos de sicarios en México, constituye otro episodio de terror y horror que el narcotráfico ha impuesto en esa nación, donde la violencia criminal ha cobrado la vida de más de 26 mil personas en los últimos cuatro años.
A La Zeta, del que forman parte ex militares y agentes antidrogas, se atribuye el asesinato de los extranjeros, en San Fernando, fronterizo estado de Tamaulipas, a donde habían arribado las víctimas desde Honduras, El Salvador, Guatemala, Ecuador y Brasil, con la intención de llegar a Estados Unidos.
Al otro día de la masacre, sicarios del narcotráfico secuestraron al fiscal Roberto Javier Sucre Vásquez, al que decapitaron junto a un oficial de Policía que le acompañaba, según reveló ayer el diario mexicano La Jornada.
Un único sobreviviente, el ecuatoriano Luis Freddy Pomadilla, conto a las autoridades que los sicarios detuvieron de manera individual a los inmigrantes, a quienes recluyeron en un almacén donde fueron acribillados a balazos y posteriormente dispararon un tiro de gracia sobre cada cuerpo.
El secuestro y decapitación del Ministerio Público que inició las indagatorias sobre esa matanza, es sólo una muestra del poder acumulado y de la crueldad que genera el narcotráfico mexicano, cuyas operaciones de trasiego de drogas generan más de 13 mil millones de dólares al año.
El Departamento de Estado estima que el 90 por ciento de todas las drogas que se consumen en Estados Unidos procede de México.
Con la integración de 50 mil militares y policías federales, el gobierno del presidente Rafael Calderón ha declarado la guerra contra por lo menos seis cárteles cuya ley de terror y sangre se ha extendido en una amplia franja del territorio mexicano, pero las autoridades admiten que el narco ha permeado a instituciones policiales estatales que requieren años para su saneamiento.
El drama de violencia y criminalidad que afecta al México de hoy consterna a todo el traspatio latinoamericano, afectado también por los efluvios de la industria del narcotráfico, cuya estela de terror y corrupción corroen los espacios democráticos y vulneran el clima de gobernabilidad.
Ante la incontenible espiral de terror, el Departamento de Estado a exhortado a los ciudadanos estadounidense abstenerse de visitar a México, una advertencia que parece válida para los súbitos de la región.

