Opinión

El elogio a la impunidad

El elogio a la impunidad

Cuando en una sociedad no hay régimen de consecuencias para quienes transgreden los valores éticos y morales desde una posición pública, es porque esa sociedad ha entrado en una crisis existencial profunda que la coloca al borde del abismo. Cuando en una sociedad alguien se coloca por encima de la Constitución de la República y de las leyes,  corrompiendo  el marco jurídico para que le garantice impunidad,  es porque esa sociedad perdió las fuerzas motrices capaces de producir una revolución que devuelva los espacios democráticos.

Cuando en una sociedad alguien utiliza el poder del Estado para enriquecerse junto a un grupo de bandoleros, sin recibir el castigo correspondiente, es porque esa sociedad está sumida en una gran pobreza, no solo material, sino espiritual, que es la peor de todas las carencias.

Cuando una sociedad permite que el país sea número uno en corrupción en el mundo; el de menos transparencia en el manejo de los fondos del Estado. Y al mismo tiempo sea colocado entre los más atrasados en educación y salud, es porque la gente perdió la capacidad de lucha y de transformación social. (Lean el informe del Foro Económico Mundial y de otros de organismos internacionales).

Entre el “elogio a la locura” y el “elogio a la impunidad”, hay una gran diferencia. Las críticas al ex presidente Leonel Fernández de sectores políticos, económicos y sociales, no son resultado de la envidia de quienes no “han alcanzado sus logros”. Quienes lo condenan no lo hacen por “mediocridad generacional” porque él logró lo que otros no. Esos argumentos de bocinas muy bien pagadas durante 12 años, solo tienen cabida en una sociedad donde “los inmorales nos han igualado” y sumergido en el mismo lodo.

Las críticas, al igual que los sometimientos a la justicia, están más que justificados. Para defender los gobiernos del PLD que encabezó Leonel hay que ser un degenerado político; hay que haber obtenido demasiados beneficios  y haber perdido la vergüenza y el amor a la patria.

 La impunidad ha sido, en la  República Dominicana, el pan nuestro de cada día. Ladrones van y ladrones vienen. Asesinos van y asesinos vienen, con trajes y botas de militares, o con saco y corbata. La ropa no hace la diferencia. Todo el que llega pobre al Estado y sale millonario, es ladrón y asesino, porque mata al pueblo de hambre y de insalubridad, no importa como se llame, ni qué posición haya ocupado. Y si no termina en la cárcel, luego de una justa condena, es por la cultura y la estructura de impunidad que existe en nuestro país, elogiada por muchos desde medios de comunicación.

El Nacional

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