Hace cierto tiempo que Hipólito Mejía reconoció que la reelección presidencial es una maldición para nuestro país, ocasión aquella que aprovechó para manifestar la admiración que le profesaba a Danilo Medina por haberse opuesto, aunque sin éxito, a los afanes continuistas de Leonel Fernández.
No mencionó, sin embargo, a Hatuey De Camps, quien, convencido de los múltiples retrocesos institucionales que las ambiciones reeleccionistas traen consigo, hizo lo propio cuando el ex mandatario aspiró a extender su período. El 6 de mayo del 2007, antes de que el Partido de la Liberación Dominicana, PLD, terminara de contar los votos de su militancia en el congreso elector celebrado aquel mismo día, Danilo se dirigió a sus seguidores de este modo: Siempre dije que la mía era una lucha contra el Estado, y el Estado se impuso.
¿Cómo se impuso? Pues volcando los recursos públicos a favor de la causa de su oponente, lo que generó un inmenso déficit presupuestario, que ante la renuencia de las autoridades a reducir los niveles del gasto corriente, ha sido financiado con préstamos. Pero tanto han aumentado la deuda pública, que el componente de intereses no ha hecho imposible cubrir el saldo deficitario de las cuentas del Estado.
Sea como fuere, Hipólito admite que cometió un error tratando de retener el Poder en el año 2004, y su reciente visita a Hatuey De Camps, paradigma de gallardía política, fue un reconocimiento tácito de que cuando las pasiones lo llevaron a caer en la tentación de repostularse, el otrora líder de la FED salvó la coherencia perredeísta.
Debemos convenir, pues, en que el interés de uno y otro en reunirse constituyó un paso de avance en el proceso de reconciliación que tanto necesita cuajar el Partido Revolucionario Dominicano antes de acudir a la cita electoral que se avecina.

