Opinión

El espectáculo

El espectáculo

En la reciente conferencia sobre drogas de las Naciones Unidas celebrada en Viena, Evo Morales solicitó retirar la planta de coca de la lista de estupefacientes prohibidos por los organismos internacionales.

Con una hoja de coca en la mano, que luego masticó, se dirigió a los delegados: “esto es una hoja de coca, no es cocaína, es parte de una cultura.  No es posible que esté en la lista de estupefacientes de Naciones Unidas”. Cuentan las crónicas  que sus palabras provocaron  estruendoso aplauso.

Después de su triunfal presentación, decidió declararse en huelga de hambre en su país con el objetivo de conseguir la aprobación de la norma que pueda hacer viable las elecciones adelantadas aprobadas en un referéndum en enero.  El presidente Morales en su huelga rebajó algunas libras. Lo necesitaba.  Es que el poder suele engordar.

Fernando Lugo es el presidente de Paraguay.  Desde 1977 fue sacerdote alcanzando el rango de Obispo.  En el 2004 fue retirado como obispo y quedó ejerciendo el sacerdocio como párroco. En el 2007 renuncia a sus labores eclesiásticas y se presenta como candidato a la presidencia en las elecciones de abril del 2008.  Vencedor en esos comicios sume la presidencia en el mes de agosto.

Este 13 de abril, Fernando Lugo, tramitó a través de un abogado el reconocimiento legal como hijo suyo de un niño de dos años que concibió cuando aún era sacerdote y cuya paternidad ahora reconoce. El presidente Lugo, además de tramitar el cambio de apellido del niño, ha solicitado la restitución de parte de su salario que había donado a obras sociales para cumplir con la pensión alimentaria de su hijo.

La sorpresiva aparición del niño hijo del presidente se debió a una “demanda de filiación” presentada por la madre, Viviana Carrillo.  El presidente Lugo ha declarado que la relación con Viviana pertenece al pasado. Parece que a partir de ahora de su pasado  tiene un presente.

El teniente coronel de Venezuela es más divertido.  En marzo pasado en un acto para la construcción de una siderurgia, el presidente bolivariano se convirtió en chef. Para combatir el alto costo de la vida y terminar con la explotación de los clientes, anunció la necesidad de inventar  restaurantes populares. “Restaurantes Chávez”. Velitas, vino, atención esmerada, vista al río, vista al mar o una colina.  El nuevo chef  demostrará con los restaurantes bolivarianos la manera de atender “con exquisitez”. La ovación  no podía faltar.

Otra  medida gastronómica.  En los colegios se reparte una cajita “social-lista” con dulce y   un muñeco “chavito” incluido.   Menú chavista bolivariano.

Por supuesto sin olvidar la estrella de la reciente semana.  Le llaman Bo y es el perro de agua  portugués presentado oficialmente por la Casa Blanca como la mascota de las hijas del inquilino. Adornado con collares multicolores, y definido como de pelaje mayormente negro con sus patas, pecho y barbilla blancos, su imagen apareció en todos los medios globales de comunicación.

Sin ninguna duda, el espectáculo desborda la política.

El Nacional

Es la voz de los que no tienen voz y representa los intereses de aquellos que aportan y trabajan por edificar una gran nación