Además de un gran Cínico, con mayúscula, Joao Santana fue un Rey Midas, alguien que tuvo la “virtud” de convertir en oro político todo cuanto tocaba.
Así lo que por definición fueron limitaciones de un presidente como Danilo Medina se convirtieron en capacidades, los vicios en aptitudes y los temores en gallardía.
El publicista brasileño tendió su coartada como telaraña y el Presidente “se acomodó a las circunstancias” para preservar el poder tan ambicionado, sin importar los medios que se utilizaran, ya fueran legítimos o ilegítimos o lícitos o ilícitos.
Era la elevación del poder a un paradigma que emulaba la astucia del zorro, un cíclope de la política que, con el enorme poder del erario, engullía a quienes no comulgaran con sus fines.
Por antítesis a la doctrina ética de Juan Bosch, había que crear una nueva escuela del pensamiento político; un “método pragmático” para orillar los pruritos morales y hacer lo que convenía.
Se sepultaría aquella frase del fundador del PLD de que “el valor por sí solo sirve para matar y morir, no para dirigir y triunfar”. A su pensamiento de que, “no hay arma más potente que la verdad en manos de los buenos”, había que contraponer la ladina idea de que “no hay arma más letal que la mentira en manos de los malos”. Sería la más genuina reivindicación del lado oscuro del maquiavelismo de El Príncipe y de los Discursos de Tito Livio.
Al fin y al cabo, como escribió el propio Maquiavelo, “los hombres se cuidan menos de ofender a quien se hace amar, que a quien se hace temer, porque el amor es un lazo débil para los hombres miserables y cede al menor motivo de interés personal, mientras que el temor nace de la amenaza del castigo, que no los abandona nunca”.
Por eso, el Presidente debía tener muy claro que la virtud principal de un estadista era aquella que le hacía verse en su propio espejo y que le permitía comprender el dilema que le atenazaba, y al que sólo podía hacer frente aceptando como irremisible una realidad matizada por la ambición, la crueldad, la traición, el engaño y la mentira.
Ahora, en la postrimería de sus dos períodos de gobierno, y sin el Rey Midas a su lado, el Presidente tiene que mirarse en su propio espejo y contemplar su desolada realidad:un gobierno que termina siendo imputado de corrupto y violador de los derechos humanos por los Estados Unidos, un PLD disminuido a un cascarón y una horda de partidarios que le acecha para infringirle la última y más letal de las estocadas, la trapera.

