Leonel Fernández consideraba hace apenas unos años, cuando su partido apenas tenía un senador, que la democracia precisa de un contrapeso, que el Poder Ejecutivo y el Legislativo deben estar en manos distintas. Sin embargo, hoy él controla no sólo el Ejecutivo, sino el Legislativo y el Judicial. Y, como si fuera poco, dispone y manda en el Cuarto Poder, que es la prensa. Ningún otro presidente constitucional había tenido el control absoluto del país.
Para volver al poder, Leonel le hizo fraude al presidente Hipólito Mejía caso insólito- a través de la famosa Cadena que le reportó más de 250 mil votos en las elecciones del 2004. Al igual que su guía espiritual, Joaquín Balaguer, Leonel no ha ganado una sola elección popular. Todas han sido mediante el fraude, el engaño, la mentira y la fuerza.
El próximo 16 de mayo, quiere ganar todas las provincias; quiere que todos los senadores y diputados le pertenezcan. Quien lo dude, es un iluso. Nadie se va del Poder con tanto poder. Leonel Fernández no abandonará el Palacio Nacional, nunca a menos que sea echado por la fuerza del pueblo, con votos o sin votos. El pueblo no lo sabe aún, pero vive en una dictadura virtual apoyada por los poderes del Estado, las Fuerzas Armadas, la Policía Nacional, los medios de comunicación y las iglesias.
El fantasma del fraude electoral recorre todo el territorio nacional con los planes del gabinete social repartiendo miles de millones de pesos en alimentos, electrodomésticos, materiales de construcción; con la pavimentación de calles y carreteras, la tarjeta solidaridad, el bono gas, el dinero en efectivo que reparten los ministros. El fantasma del fraude recorre el país a través de un amplio operativo de compra de cédulas, intimidación, extorsión y chantaje.
El presidente Fernández no aprobó la Ley de Partidos, ni la de garantía electoral, justamente para hacer y deshacer con los recursos del Estado. Como dijera el presidente de la JCE, Julio César Castaños Guzmán, ninguna ley le prohíbe a Fernández encabezar la campaña… Ninguna, sólo la moral y la ética, inexistentes en el gobierno.

