Según los últimos datos de la ONU, más de dos millones de venezolanos huyeron del país en los últimos años. Para 2020 se espera que la cifra llegue hasta 4 millones. Durante el mes de agosto, 50,000 venezolanos cruzaron diariamente por la frontera colombiana, para dispersarse entre varios países latinoamericanos.
Cuatro de los cinco libros bíblicos, narran cómo hace 3,500 años, 600,000 hebreos abandonaron Egipto para llegar a la tierra que les prometió Dios, pero para recorrer a pie los 735 kilómetros de distancia que separan El Cairo de Israel, se tomaron 40 años y no los 8 días que google maps estima en mi celular.
Chávez prometió que el 2019 sería el año del «despegue», y aunque Maduro dice que los venezolanos abandonan su país por turismo, la realidad es que estamos frente a una crisis apremiante que afecta muchos países de la región. Sólo Colombia durante los últimos dos años recibió más de 600 mil inmigrantes, y en nuestro país suman unos 26 mil.
Hay otros éxodos masivos, pero normalmente se produjeron durante largos periodos, en Centroamérica en los años 80, se podría decir que uno o dos millones de personas salieron huyendo. Pero aquello fue desde tres países: Nicaragua, El Salvador y Guatemala. Durante la crisis económica de los 90, muchos dominicanos emigraron a territorio de EU, España y Venezuela.
Para responder a la excesiva migración, Colombia pide ayuda económica internacional, Perú declara el estado de emergencia sanitaria, Ecuador pide pasaportes, Brasil moviliza tropas en la frontera, sin embargo, todavía ninguno habla de que se trata de una invasión con fines expansionistas, como señalamos los dominicanos para referirnos a los migrantes haitianos.
Maduro —el nuevo profeta— está provocando que sus compatriotas abandonen un territorio pródigo en riquezas naturales y se establezcan en naciones subdesarrolladas donde para sobrevivir tienen que vender caramelos y arepas en las esquinas.
Para lograr la salida del pueblo de Israel, dios —en su infinita misericordia— no eliminó al faraón, sino que mató a todos los primogénitos en tierra de Egipto, incluso los primogénitos de la sierva que está detrás del molino, y todo primogénito de las bestias.
(Éxodo 11,4-5) Empero, en el caso de Venezuela para detener el éxodo actual lo que corresponde es «apartar» al faraón.

