Nunca antes se había producido la posibilidad de que los verdaderos dueños del PRD, que son la mayoría de sus directivos y militantes, pierdan el derecho de representar a esa sigla, ante la hipótesis de que la misma fue traspasada a Leonel Fernández, al que ya le falta muy poco para ser dueño absoluto del país.
Todo parece indicar que el PRD fue objeto de una oscura transacción por parte de personas que históricamente han hecho negocios. Y el discurso de sus seguidores no guarda diferencia con el gobierno ni de los periodistas y comentaristas pagados. Coinciden en que los comicios se perdieron por los supuestos errores de Hipólito.
Hipólito no perdió las elecciones y él más que nadie conoce los fraudes que se hicieron para fabricar una diferencia que no va en consonancia con la voluntad popular. Optó por declararse líder de la oposición, ¿y para qué? Después que pronunció el discurso de ocho minutos no se ha dirigido más al país.
No creo que la problemática le quede grande a Mejía, lo que pasa es que los intereses que representa le impiden asumir el rol que demanda el momento. A lo más que llegaría es a pedir la mediación de Núñez Collado. Pero no hay un pacto político bajo la mediación de monseñor, que los sectores conservadores hayan cumplido.
La única forma de evitar el robo del PRD y romper el cerco de las altas cortes es mediante la lucha popular, pero soñarían los que piensan que Hipólito apoyaría huelgas nacionales.
Y de Miguel Vargas, uno de los artífices de las altas cortes, no se puede esperar que luche en contra de lo que él construyó. Podría dejar sin efecto su negocio con el gobierno, pero ¿qué posibilidad tendría de ganar un certamen con órganos electorales de mayoría peledeísta? El apoyo que ofrecen es ocasional.
El problema del PRD no tiene solución por la vía de Hipólito, pero mucho menos por la de Miguel, quien luce hipotecado. La solución estaría en manos de personas dispuestas a jugársela, porque las circunstancias lo demandan.

