Dice Chales Handy, que lo más emocionante del futuro es que no podemos darle forma, y yo agrego, pero si imaginarlo.
En el área estratégica, gerencial, de los negocios está bien, pero, ¿y en lo cotidiano, en la política, donde estamos amenazados continuamente por esos prestidigitadores que predican y nos encantan, cada cuatro o seis años, como es el caso de nuestro país.
Papá, recientemente le dijo al país que el futuro es hoy, ahora y que él lo traería de vuelta. Discursos ya escuchados y puestos en boga en otros lares y que los asesores extranjeros vienen aquí a reciclarlos.
Barak Obama surgió en USA para encarnar una nueva espiritualidad en un país que había perdido sus sueños y anhelos dentro de la crisis propiciada por los gobiernos consecutivos de un Bush aburrido y mentiroso, que con su 11S catapultó a su país en una espiral de guerra sin sentido.
Al cabo de casi cuatro años del Obama, algunos hablan ya de desencanto y frustración. Mientras tanto, la reelección está en camino, luego de haber pasado por las armas al más buscado, Bin Laden.
Y yo pienso, que así como los políticos nos pintan, cada vez que hay elecciones, un futuro promisorio para nosotros y nuestros hijos, para las generaciones que vendrán, lo que debemos hacer, es plantearnos metas y propósitos estratégicos estables, pues el propósito estratégico le da uniformidad a la acción a corto plazo, ya que deja campo a la reinterpretación cuando surgen nuevas oportunidades.
Para decirlo en buen dominicano, el futuro lo hacemos nosotros mismos y depende de nosotros mismos.
Y agrego parafraseando al mismo Handy, debemos replantear el trabajo como la única manera en que podemos cambiar nuestras vidas, pues lo único que nos ayudará a moldear lo que vendrá; no la bola de cristal de los políticos.
Innovarnos competitivamente hablando a nosotros mismos reduce el riesgo de no saber hacia dónde vamos a corto y largo plazo.
Mauricio Funes, al cual yo serví de asesor en la campaña de El Salvador en 2009, está por cumplir dos años en el poder y le ofreció un futuro nuevo a su pueblo que estaba agotado en la mirada del mañana.
Hoy no parece cansado, pero si abrumado y le faltan tres añosmás de ejercicio en el poder. Ese futuro, quizás se forje a medias y tortuosamente, pues su herencia de cuatro gobiernos de derecha, lo tienen maniatado.
Pero mientras tanto, cae la espiritualidad y los sueños de futuro de una gran franja de los salvadoreños.
Aquí, a casi ocho años de gobiernos peledeistas, se ve a un Leonel Fernández luchando por seguir el rumbo de ese futuro que ofreció y que en estos últimos años se ha visto permeado por la más severa crisis mundial de los últimos cincuenta años.
Lo que pasa, es que no podemos crear, ni ver hacia el futuro utilizando las viejas herramientas de estrategias del pasado.
Como dice Gary Hamel, no hay datos patentados sobre el futuro. Y de lo que se trata, es de imaginar un futuro que sea verosímil, el futuro que podamos crear, aunque hayamos construido Metros, Ciudades Digitales, pero no basta.
Parafraseando otra vez a Hamel, todo lo que necesitamos saber sobre el futuro podemos saberlo; mas sin embargo, lo lograremos cuando empecemos a creer en nosotros mismos, cuando insuflemos pasión por el trabajo, cuando logremos ser líderes de nosotros mismos y de los que nos rodean.
Fukuyama en su libro El Fin de la Historia, habló del triunfo de la democracia liberal sobre el comunismo, yo creo que de lo que se trata, es de elegir gobiernos que de una forma nos hagan o nos ayuden a ser felices.
Y eso es lo que está pasando hoy en el norte de África con la revolución de los jazmines; esas revoluciones ciudadanas pacificas que de algún modo quieren darle forma al futuro de sus hijos y las generaciones por venir.
Y es que el mundo está a disposición del que quiera, pero esto me parece a la vez, aterrador y apasionante. Como se vea, lo que hay que hacer, es crear el potencial humano como lo hay en las empresas, pues el futuro no será una extrapolación del pasado, no basta con imaginar el futuro, hay que construirlo.
Los liderazgos nacionales no han roto nuevos paradigmas y la gente quiere más, más respuestas a la descomposición social y moral; pues no saben cuál será el futuro de sus hijos 20 o 30 años adelante y es ahora que quieren echar el pleito con los que siempre les han jugado una mala pasada, los políticos.

