Opinión

El gran señor de la yuca

El gran señor de la yuca

Los aborígenes poseían una agricultura admirable desde todo punto de vista. Tenían varias plantas domésticas y de estas la principal era la yuca (Manihot utilissima), según fuera de la variedad dulce o amarga.

La cultivaban en montones de tierra que servían para aportar un suelo más apropiado para su crecimiento. En cada montón eran colocados grupos de trozos y ahí se desarrollaba la planta.

Tal y como señala Fradique Lizardo los aborígenes conocían cabalmente la diferencia entre uno y otro tipo de yuca y sabían distinguir perfectamente la venenosa, neutralizando el ácido cianhídrico, por medio del guayado y la exposición al aire.

Tan importante era la yuca para nuestros indígenas, que el dios principal de su panteón, recibía el nombre de Yocahu Vagua Maaorocoti que más o menos equivale a Gran Señor de la Yuca.

Lo respetaban por medio de los trigonolitos, y estos se enterraban en los campos de yuca, donde se procedía a orinarlos con el fin de que produjeran una abundante cosecha.

En algunas partes de la isla no se usaban los montones sino el sistema de roza, que es más primitivo, lo que significa que había profundas diferencias culturales entre algunos de los tipos de indígenas que estaban más adelantados que otros.

Cuando la yuca era cosechada, se solía enterrar nuevamente para conservarla por algún tiempo o se guardaba en almacenes que se construían para este fin.

Como era el alimento básico de la dieta taina, su procesamiento se hacía en gran escala y se improvisaba un trabajo cooperativo. Esta distribución del trabajo al parecer no era totalmente a voluntad, sino ordenada por el cacique que debió tener ciertos parámetros.

El Nacional

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