Las causas y consecuencias de la grosera intervención norteamericana de 1965 podrían estar a la vista, pero aun así son todavía temas de análisis, no obstante la abundante literatura y testimonios sobre una epopeya de la que el sábado se conmemoraron 53 años. Como toda conflagración la resistencia nacional al desembarco de marines para frustrar con las armas el retorno al orden institucional quedó estampada en una fotografía: la del dominicano que solo con sus puños desafía a un soldado norteamericano en la calle El Conde esquina Espaillat, de Ciudad Nueva.
En esa imagen que le dio la vuelta al mundo, captada por el veteranísimo fotógrafo Juan Pérez Terrero, se sintetizan los comandos, las consignas que inundaban las paredes, los enfrentamientos armados, la dignidad, el valor, la alegría, el sufrimiento y la determinación de un pueblo de no aceptar que nadie, por más grande que se considere, lo pisotee. ¿Quién es ese dominicano que se convirtió en el gran símbolo de la resistencia? En principio se decía que correspondía al nombre de Senén Sosa, pero el fotorreportero Reynaldo Brito estableció que se trata de Jacobo Rincón, quien para entonces tenía 25 años de edad. Rincón, quien confesó que tenía unos tragos, expresó que sintió que el soldado le había mencionado al diablo cuando le dijo que recogiera una basura.
La reacción de Rincón evoca otro acontecimiento histórico cargado de simbolismo. El caso del misionero norteamericano que se presentó con una pancarta frente a la sede de la embajada de su país en República Dominicana en protesta contra la intervención de 1983 en Granada. Aquí Washington trató vanamente de legitimar su ocupación con el concurso de la Organización de Estados Americanos (OEA), mientras que en la pequeña isla caribeña se valió de Jamaica, Barbados y otros países de la región. Mientras por estos predios se impedía la restauración del orden institucional por allá se interrumpía a nombre de las mismas razones: detener el supuesto avance del comunismo.
Después de declarar que el desembarco había sido para salvar vidas, lo que no se pudo sostener, el Gobierno norteamericano se inventó lo del comunismo. La imagen de Rincón mostró que aquí no había más que un pueblo trabajador que quería vivir en orden y paz. Pero decidido como estaba a torcer el curso del proceso Washington impuso un denominado Gobierno de Reconstrucción Nacional, encabezado por el general Antonio Imbert Barreras, bajo el supuesto de que este era un héroe porque había participado en el asesinato del dictador Rafael Trujillo Molina. El pueblo, con el coronel Francisco Alberto Caamaño Deñó como guía, lo rechazó con la misma valentía que Rincón enfrentó al soldado yanqui.

