Opinión

El huésped

El huésped

El ex presidente hondureño Manuel Zelaya es un huésped distinguido. No sabemos aún si tanto él como sus acompañantes serán una carga para el Estado. De hecho lo es ya la numerosa protección asignada. El vuelo privado en que el presidente Leonel Fernández viajó a buscarlo a Tegucigalpa fue cubierto con fondos nuestros.

Zelaya y su familia no han tenido, que digamos, una vida frugal. Es hijo de una de las primeras familias de Honduras cuya formidable riqueza y poder datan de más de doscientos años. Productores de madera con inmensas propiedades. El tres por ciento de la población hondureña acapara el 90 por ciento de la riqueza de Honduras, donde el 75 por ciento de la población vive en la pobreza. La familia del ex mandatario es parte de ese tres por ciento.

Es un empresario agropecuario con raíces conservadoras. El mayor de los cuatro hijos del terrateniente de Olancho, Honduras, Manuel Zelaya Ordóñez, Mel, fuerte eslabón de una familia con ancestro vasco que, desde el siglo XVIII, ha dado a Honduras un buen número de notables en la política, la judicatura, la milicia y la literatura. Antes de incursionar en la política,  estaba dedicado  a las actividades empresariales en el sector agroforestal.

En una conversación con Fidel Castro el pasado 8 de marzo, Zelaya hace alarde del dominio que tiene acerca de un tema que le ha dado toda suerte de lujo, poder y distinción: de los 50 mil kilómetros cuadrados de pinares [bosques que superan la extensión territorial dominicana], su familia es la de más tradición y posee las mayores propiedades madereras.

Aficionado a las carreras y a los lujosos motores Harley Davidson, posee una colección de los modelos más costosos. Brioso montador de caballos pura sangre, entre los que se crió como hijo mimado de una hidalga familia de criadores. Es amigo de la vida nocturna, platos gourmet y no menos catador de las mejores cosechas de vinos y whisky. Costarricenses con los cuales se codeó,  se asombraron de lujosa vida del ex presidente durante su exilio allí. Es probable que encuentre aquí a buenos amigos y clientes.

Va a residir en el exclusivo sector de los Cacicazgos, en una mansión cuyos costos cubrirá el gobierno dominicano, a decir de un diario local. Creemos que ni la familia Zelaya ni sus  colaboradores necesitan que el Estado dominicano los mantenga. No va con su estirpe, menos con la hospitalidad que espera merecer de este pueblo.

El Nacional

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