Opinión

El internet:  hermosa anarquía

El internet:  hermosa anarquía

Este diciembre, delegados se reunirán en la ONU para conocer medidas tendentes a colocar al Internet bajo el control de la Unión Internacional de las Telecomunicaciones, una entidad perteneciente a ese órgano global. Con un propósito declarado de emplear ese órgano político para ejercer mayor control sobre lo que ocurre en la red, las implicaciones de estas discusiones son indudablemente significativas poniendo en peligro la hermosa anarquía que es el internet.

La red de redes se conformó por un grupo de servidores independientes que desearon interconectarse, definieron un lenguaje de programación común, estandarizaron sus procesos y empezaron a compartir datos. El internet como lo conocemos hoy nunca ha estado controlado por un órgano centralizado o gobierno, no hay un Presidente del internet, ni una Corte Suprema, ni líderes, ni representantes. Esta aparente anarquía ha cambiado al mundo en apenas un poco más de 20 años.

La esencia detrás de lo que ha movido al internet ha sido la libertad de sus usuarios. En sus inicios se creyó que este sería “la superavenida de la información”, pero en un mundo sin reglas, sin reguladores, sin gobierno, los mismos usuarios en la forma de empresas e individuos le han convertido en una de las herramientas más efectivas para satisfacer desde la compra del supermercado hasta la supervisión ciudadana de sus gobiernos.

Obviamente, el internet no es un mundo totalmente sin control, ni reglas. Todos los países tienen leyes que sancionan algunas actividades que pudieran realizar los usuarios dentro de la red. No muy distinto a la vida real, en el internet abunda de todo tipo de persona, información y recursos que naturalmente conlleva a que se cometan crímenes contra terceros, y eso siempre será inevitable donde existan humanos.

Curiosamente a pesar de estar en un mundo que virtualmente luce sin reglas  y con más de mil millones de personas entrando y saliendo de él, la necesidad de una estricta fuerza de ley y una cyberpolicía nunca ha surgido. Dentro de esa aparente anarquía los mismos usuarios por acción o inacción sirven de control, y han sido instrumento para detectar redes internacionales de pornografía infantil, bandas criminales y terroristas, pueden agrandar mentiras pero al mismo tiempo ser los primeros en denunciarlas. Claramente, esa cyberanarquía no implica ser un sinónimo de caos.

El deseo de centralizar el control del internet bajo el mando de la ITU es un propósito descarado de gobiernos como el de China, Rusia, Irán y otros regímenes autoritarios para poder imponer mayor restricción a lo que sus ciudadanos pueden o no hacer dentro de la red. No ha sido un deseo nuevo, ni han sido ellos los únicos que han buscado poner más trabas a lo que puedan los usuarios hacer o no, y la realidad es que por el momento esos intentos han sido totalemente infructuosos. Esperemos, por el bien de una de las herramientas más importantes de la sociedad moderna, que sigan fracasando.

El Nacional

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