La angustia en sus ojos no era fácil de disimular. Su boca reía y daba la idea de que alguien detrás la apuntaba con un arma mientras le decía que hacer esa mueca era obligatoria para estar en ese lugar de diversión. María llegó feliz y su rostro cambio apenas timbró su celular y una voz al otro lado, pareció cuestionar porqué no había llegado a su casa. La observábamos sus amigas mientras hablaba y parecíamos adivinar exactamente cuáles eran las palabras que escuchaba al otro lado de su línea. Era su esposo, quien al ver que pasaban unos minutos de las 7 de la noche, hora en que ella ya estaba en casa a la salida del trabajo, la llamaba más que para saber qué le pasaba, para presionarla. Ella, al cerrar el teléfono, luego de varios minuto de conversación, parecido entender que, como todos la mirábamos, debía contar en detalles lo que le dijo su marido y así lo hizo. Le dijo que si se tardaba, que dónde estaba y que estaba solo con la hija de ambos. Pareció molesto porque ella, quien estaba por compromiso de trabajo en aquel lugar, no estaba ya en la casa, además de que, talvez por las ocupaciones y atenciones que esto implica, no le gustaba estar solo con su pequeña hija.
Fue así, luego de este breve incidente, que María cambió su cara alegre por un rostro sombrío, que le subió los años. Se quedó allí luego de mucha insistencia, sentada, como quien teme que al moverse le despierten nuevamente las ganas de irse volando, con magia, al lado de su familia, sin sospechar que, ella, también como mujer, merecía su propio espacio, y más aún, que él, su marido, con una llamada le quitaba un derecho que le asistía y el que de seguro él usaba, sin nadie que se lo restringiera. De repente el asiento de María quedó vacío y ella, seguro temerosa a una discusión, fue a su casa. Nosotras, sus amigas, miramos su cuerpo por detrás mientras se alejaba, seguras de que la prisión de su marido, sin duda haría que un buen dia, por cansancio, ella decidiera volar con sus propias alas, a horizontes insospechados, donde ninguna llamada la perturbara.

