Las trivialidades que mucha gente escribe en las redes sociales no suelen llamarme la atención, suelo creer, aunque parezca tonto, que no se puede estar pendiente de tantas cosas a la vez, porque alguna tiene que quedar mal.
Pero debo reconocer que duré casi un mes riendo a solas y a carcajadas de un mensaje que parecería un chiste, pero es una realidad que se vive en cada esquina, contada en el momento preciso y a la hora indicada para hacer reír.
Decía algo como tengo pocas horas que llegué al país y ya me han tirado más de cinco paños en el vidrio de mi vehículo. Nuryn se había ido de vacaciones y al regresar y salir a las calles, talvez a ver de nuevo el sol que extrañaba en otras tierras, le cegó la vista en varias ocasiones, el paño de los limpiadores de vidrios que abundan en las calles.
Reí de buena gana cuando lo leí y fue mi chiste de la semana, porque lo comentaba donde quiera que había personas dispuestas a gozarlo. No sabía que Nuryn era amiga de las redes sociales, pero uniéndola a mi Facebook, aprendí las cosas que siente y piensa, leí sus mensajes con sentido, sus deseos cada mañana de que quienes la tenían anexa como amiga, tuvieran un buen día.
Supe hasta sus deseos de amar, porque solían adivinarse en algunas de sus palabras, aprendí que su mayor disfrute ahora es dar tiempo a sus nietos y ser una buena abuela. Las redes me enseñaron cosas de sus adentros, pero ya de antes, desde hace más de 10 años, sabía de su fuerza y decisión.
Sabía que cuando se proponía algo luchaba hasta lograrlo y con su entrega, la única alternativa era que le quedara bien. Conocía su deseo de dar oportunidades a los jóvenes que quisieran entrar al difícil mundo del arte y lo realizada que se sentía cuando alguno de ellos lograba buen sitial.
Conocerla más fue una inquietud que nació desde aquel cuento de los paños en su vidrio. Y por eso hoy, oro junto a todos porque sean muchos, muchísimos los chicos atrevidos que le tiren su paño, como propuesta atrevida para limpiarle el vidrio, porque eso será la consecuencia de que sean muchos sus paseos por las calles. ¿Y por qué no? que su reacción se vuelva a repetir, cuando regrese de todos los viajes que de seguro le faltan. Amén.
