Miguelina Terrero
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Ubicando su lugar
Luisa parecía una mujer muy tradicional, pero quienes la conocíamos de cerca sabíamos que era muy valiente cuando de tomar decisiones se trataba. Se aprendía mucho de ella y lo confirmé cuando su esposo trató de minimizarla y sin pensarlo dos veces lo sacó de su casa y lo dejó para siempre.
Desde entonces se dedicó por completo a sus dos hijas, de 10 y 12 años. Cuando dejó su esposo trabajaba en un salón de belleza, que tiempo después cerró, y ella, como mujer decidida, negoció el local con lo poco que tenia y tomando prestado en diferentes lugares, y así tuvo su propio negocio. En pocos meses pagó sus deudas, cambio de local, y no es que fuera rica, sino que poco a poco avanzaba y se habia convertido en una pequeña empresaria. Recuerdo que un día la vi salir de su local y como vi que se cambiaba de ropa, le pregunté si tenía alguna cita, descubrí entonces que del salón, se iba a la iglesia, porque tenia que agradecer a él los avances que habia tenido. Fue entonces cuando analicé su vida y le cuestioné a que horas llegaba a su casa y con quien dejaban sus dos hijas.
Me dijo orgullosa que estas niñas ya eran mujeres, que se encargaban de la casa y todo lo hacían bien, que eran responsables y hasta cocinaban muy bueno. Quedé con la preocupación de que talvez mi buena amiga se sentía más segura de lo que debía y poco tiempo después confirmé que yo tenía la razón. Su pequeña que ya tenía 14 años, se metió en una relación con un hombre que le doblaba la edad y vivía a una esquina de su casa. A sus espaldas visitaba su novio, y la pobre chiquita enamorada está embarazada. La última vez que vi a mi amiga Luisa, fue porque estuve en su casa, su salón estaba cerrado y sus inversiones en el mismo se convirtieron en pérdidas, porque entendió que tenía que estar más en casa y se llevó para allá sus equipos. Su hija ya tiene un bebé y vive con ella en su casa, porque el señor que la preñó nunca la mudó ni se hizo responsable. Sentada en su casa veía la cara de la niña, ahora madre con solo quince años. La noté envejecida, atrapada por unos años que aún no ha cumplido, con su cuerpo deformado, pero cargando un pequeño que parecía cuidar muy bien.
Luisa mientras, está en casa cuidando los detalles para que todo funcione como debe, dando calor a sus hijas y entendiendo que, ese era su lugar. A veces el avance se queda en segundo plano.
