¿Qué Pasa?

El lado bueno

El lado bueno

Miguelina Terrero
miguelinaterrero@hotmail.com

 

Vida y tecnología

Mientras estaba costada en aquella camilla de monografías. Como toda mujer, en esas circunstancias, Rayza cerró los ojos y oró mucho. Recordó un Padre Nuestro y lo dijo en susurros, mientras esperaba…y esperaba.
Me cuenta, que le indicaron una monografía, e iba con los nervios comunes en una mujer cuando la mandan a ese estudio. Uno piensa mil cosas, incluyendo que si los resultados seràn o no determinantes para tu vida.
Ella se cambió la ropa, puso la bata médica que se usa en esos casos, orinó con ganas porque los nervios provocan esa manifestación, caminando despacito para que la bata no fuera a dejarla desnuda en el paso por el consultorio, llegó a la camilla en la que ahora estaba acostada.
Todavía con los ojos cerrados, pensó de repente que ya tenía unos diez minutos allí y no pasaba nada. Fue entonces cuando analizó que debía abrir los ojos y ver su entorno, chequear que estaba preparando el sonografista antes de analizarla ¿o era mejor no ver? Indecisa enfrentó el momento y despacio abrió los ojos y miró, parecía no haber nadie allí, pero si. A uno de sus lados, pudo observar el especialista con la cabeza agachada, con su celular en la mano y sumergido en la tecnología que al parecer le hacía olvidar que un paciente lo esperaba.
Quince minutos después, cuando ya casi se envalentonaba para preguntarle ¿Qué esperamos?, él elevó los ojos y la miró, con toda su calma, como quien estaba haciendo lo correcto y nadie lo esperaba.
Viró hacia su máquina y de manera mecánica le preguntó las interrogantes normales para el caso, ella lo miraba como quien no cree que lo que acababa de pasar.
Sin duda para el no habia pasado nada, y ella, como los tontos, debia adaptarse a la misma idea y como dicen en las calles “hacerle el coro” para no hacer mas tortuoso el examen.
Rayza salió de la consulta segura de que en ese intervalo, el médico terminaria su conversación cibernética, o quizás la seguría mientras lo esperaba otros quince minutos su siguiente paciente.
El mundo ha cambiado y ya los alambres que no se ven, están en primer plano, cuando se habla de los seres humanos. La distracción está a la orden del día y ya no se sabe lo que se habla ni lo que se paga, la tecnología no te deja vivir, y tú se lo permites muy gustoso. Felicidades.

 

El Nacional

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