¿Qué Pasa?

EL LADO BUENO

EL LADO BUENO

Miguelina Terrero

miguelinaterrero@hotmail.com

Ah… ¡ya sé!

Ante el aumento de la delincuencia del país, muchas veces duermo preguntándome, qué debemos hacer los padres para evitar que nuestros hijos sean los delincuentes que llenarán las calles en el futuro. ¿Los delincuentes se hacen solos o los fabricamos nosotros los padres cuidadosamente en nuestras casas?

No había encontrado la respuesta hasta que al pasar por un callejón de un populoso sector, conocí al pequeño William. Lo vi saliendo de aquel lugar, sucio, descalzo y con pasos torpes porque apenas tenía unos dos años y medio. Tenía cara de hombre, se veía serio, como quien pide respeto por su vida, porque ya la sabe resolver solo. Sentada donde una amiga del mismo vecindario, supe su historia. La madre del pequeño tuvo antes que él, un hijo que nunca cuidó y lo regaló a su suegra, que llena de pena por el descuido de la madre irresponsable, tomó el niño como suyo. William fue el segundo embarazo de aquella madre, que tenía como su principal prioridad salir cada noche a las calles a disfrutar de la buena vida. Lo tuvo con un joven lleno de dudosa seriedad y a los tres meses, cansada de cuidar al niño, lo dio a su padre a sabiendas de que el ejemplo que recibiría no era el mejor. Pues el padre, peor que la madre, sale cada día a trabajar y deja a William semidesnudo, descalzo y sucio, recorriendo el sector en que viven. “Pero William no se deja morir” me contaron, y cuando pregunté por qué, supe que a las horas de la comida va a cualquiera de las casas cercanas y pide, para luego retomar sus andanzas. William no tiene cariños, consejos, ni abrazos. No cuenta con explicaciones para lo que no conoce, ni creo sabrá distinguir qué está bien o que está mal. Solo vive, y sea posiblemente, un delincuente más de nuestras calles, “fabricado” por unos padres a quienes lo les interesa.

 

El Nacional

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