¿Qué Pasa?

El lado bueno

El lado bueno

Prefiero creerle-
Recuerdo que hace unos años, en una cena de amigas, todas atentas escuchábamos el recuento de la vida de Perla.
El encuentro era para ponernos al día, pero cuando ella comenzó a contar su vida, y la maravillosa pareja que tenía, ya las demás no queríamos hablar.

¿Nadie tenía nada mejor que contar? ¿era tan fabulosa su vida, que preferíamos solo escucharla?, pues no. La realidad es que cada una de nosotras tenía testimonios reales de que su pareja no era nada de lo que ella describía, y a eso se debía que nos quedáramos mudas.
Sé que les ha pasado a ustedes también, que al escuchar alguien que fantasea, no nos atrevemos a desmentirlo por un absurdo respeto, y ese era el caso.

Ella hablaba de las comidas que le preparaba y de lo tarde que el comía cuando llegaba a su casa de la jornada de trabajo, pero nosotras sabíamos que el almorzaba con una de las cuatro mujeres que tenia, formalmente mudadas y con hijos.

Ella contaba de sus horarios tarde en la oficina y de cómo lo cuidaba por los esfuerzos que hacía, mientras nosotras sabíamos por un amigo en común, que ese señor salía temprano de su trabajo y gozaba de costosas orgías en un lugar secreto que tenía destinado para eso.

Ella resaltaba lo “loco” que él era con el hijo que había procreado con ella, pero el mundo sabía que él tenía dos hijos con otra mujer, una hembra con otra más y otro más quien sabe con quién.

El marido de Perla, era, en su mente, el hombre que toda mujer desea tener, y ella era dichosa de poseerlo.

La cena nos dejó frustradas, apenadas y con una mezcla extraña de sentimientos.

No entendíamos nada y queríamos una explicación que en realidad no nos correspondía exigir.
No sabíamos si nuestra amiga sabía la vida real de su esposo y se empeñaba en ocultarla, o si simplemente era la más inocente de esta historia.

Luego de hablar varios días, por horas en nuestros teléfonos, sacamos la más acertada conclusión: en este caso las más sufridas éramos nosotras, sus amigas.

Perla, cuando en aquella cena hablaba de su marido, le brillaban los ojos, lo que significa que ella había decidido firmemente que lo mejor era creerle, y así era feliz.

El Nacional

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