Recuerdos de Año Nuevo
Los recuerdos dolorosos de personas queridas que ya no están, con el tiempo, se convierten en buenas historias y te hacen llegar las mejores imágenes para sacarte una sonrisa.
Por eso una familia cualquiera que llamaremos Méndez, vivía ya con mucha paz, sus noches de Año Nuevo, mientras recordaba a la abuela que había fallecido recientemente y que era el alma de las reuniones en familia.
Esa viejita de casi 90 años, se desvivía por recibir sus hijos y nietos que llegaban desde diferentes partes del mundo.
Su imagen alta se veía en la puerta de su pequeña casa mientras esperaba sus visitantes de cada Navidad y Año Nuevo.
Como quien quiere tomarlos para ella sola y no dejar pasar ni sus respiraciones, la recuerdan peleando por las noches cuando algunas de sus tías u otras familias quería llevárselos a dormir para hacer su estadía más cómoda.
“No y no”, decía enérgica, mientras se arrastraba con sus propias manos las camas que estaban arrinconadas en la casa, para abrirlas en la sala y en cualquier lugar donde hubiera espacio. El asunto es que nadie se iría. Ella los quería atender.
Todos despertaban temprano en la casa de la abuela, porque desde las 7 de la mañana se escuchaban los jarros y tazas chocando unos con otros, mientras ella, ya a esa hora, servía café, leche, pan, queso y casabe para los invitados que tanto amaba.
Luego solo se veía la mesa llena de alimentos, mientras ella caminaba las calles despacio, para ir al mercado y comprar la comida del día.
Regresaba y peleaba si encontraba que habían dejado algo de lo que preparó y se ponía a alistar la siguiente comida.
Todos recuerdan su energía, sus pasos, su cariño, pero el mejor recuerdo es el de sus manos cuando cada Navidad y Año Nuevo, sazonaba las carnes de la cena y luego de echarle los sazones naturales, la movía con sus manos, nunca con cuchara, como quien sabe que esa es la clave para cocinar rico y con amor.
Solía meterse en la cocina y en poco tiempo, preparar todo, ponerlo en la mesa y animar a todos para comer.
El año les llegaba haciendo historias, igual que ahora, pero con la diferencia de que ella ya no está y se disfrutan sus historias, sus sazones, su café y su amor. Así era la vieja Manjul.

