¿Qué Pasa?

El lado bueno

El lado bueno

Mientras Juliana tomaba el teléfono, miraba hacia los lados, como quien anda en pasos reprochables. Solo hubo un error en esa mirada que creyó dar a su alrededor: nunca pensó en chequear lo que tenia detrás de su vehículo.

Y es que talvez tenía algunos sentidos ocupados, porque mientras miraba, entraba a aquel luminoso motel de las afueras de la ciudad, pero también hablaba por el teléfono con su esposo.

“Estoy entrando a una reunión”, le decia, mientras él parecía tener dudas de aquella afirmación, porque precisamente, mientras ella entraba a aquel paraíso de amor, él se encontraba detrás suyo vigilando sus pasos y viéndola entrar a la anunciada “reunión”.

Ella tuvo que cerrar porque ya era el momento, el hombre con el que se divertía a espaldas de su esposo, le hacía mil señales de que cerrara el teléfono, mientras intentaba besarle el cuello, así como en las novelas.

Pablo, el esposo engañado, mantenía su carro a cierta distancia del de su esposa, pero aunque esta lo viera, le seria difícil reconocerlo, porque hábilmente éste habia dejado tomado prestado el de un amigo, con el que la había seguido desde las 2 de la tarde, paso por paso.

Es que eran ya demasiadas reuniones, demasiado tiempo fuera de la casa, además de aquellos correos y las escandalosas fotos. Ya era demasiado.

Pablo conoció a Juliana y en poco tiempo se casó con ella. Ahora, luego de 10 años juntos, por una simple sospecha comenzó a vigilarle todo, y por aquello de que el que busca encuentra, encontró que la mujer con quien compartía su vida, habia posado desnuda, tenia aventuras hasta con sus amigos y llamaba reuniones a sus visitas cotidianas a los moteles. La esperó en la casa desfallecido, desencantado y todavia creyendo estar soñando.

 Puso en la mesa unas 10 fotos de las que ella se había tomado desnuda quien sabe para quien, mientras en uno de los muebles colocó unos 20 sobres con cartas que ella guardaba celosamente en uno de sus cofres, cartas de amor, casi todas con diferentes nombres y todas, con fechas que daban prueba de que ya estaban casados.

En un rincón dos grandes maletas con ropa que salia por los lados.

Se sentó, bajó la cabeza y la esperó pasa sacarla de su vida. Y a era el momento, y tenia que decidir. No más.

El Nacional

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