Echamos la vida quejándonos de mil cosas que después de todo no son motivo de queja. Vivimos llenos de deseos de tener, todo lo que no tenemos, desde antes de celebrar lo que nos pertenece.
A veces no vemos el mundo ni nos fijamos en lo que pasa a nuestro alrededor, ofuscados en una búsqueda tonta de lo que no se nos ha perdido. Perdemos los ánimos, nos cansamos, porque pasa el tiempo y esto o aquello no llega.
Pensaba esto mientras veía a mi gran amiga, colar un café a una señora muy querida que padece de cáncer desde hace ya más de 5 años. Todo el mundo se pregunta porque mientras muchos que tienen esta enfermedad ya han pasado a mejor vida, ella, elegante y fuerte, permanece como si no tuviera nada. Su optimismo es único y su visión de la vida certera. En muchas ocasiones en las que ha decaído por la fuerza de las terapias, le he escuchado decir que aunque sus hijos casi la lloran, ella no se va a morir ahora.
Lo dice con una seguridad, que hace fácil creerle que ella sabrá cuál es en realidad su momento.
Sus hijos se han dispuesto a darle calidad de vida necesaria, sin hacerla sufrir, por eso hasta le han suprimido los difíciles tratamientos tradicionales para esta afección, y aún así, han visto pasar varios años con ella en su mejor momento.
En esta ocasión, mientras Laura colaba su café, contaba la historia de cuando la llevaron al médico y este daba su diagnóstico del momento, concluyendo que ya la enfermedad se habia extendido a otros órganos de su cuerpo. El profesional, dijo que habia que fortalecer el tratamiento, mientras ella escuchaba tranquila y como las buenas guerrilleras solo preguntó ¿usted cree que yo aguante?, más que pregunta como una afirmación de estar dispuesta asumir lo que llegara.
Luego de esto fue su llegada a casa de Laura, donde tomó una sopa caliente con todo el gusto, bebió agua, sintió un poco de nauseas y se fue al baño. Regresó a la sala y tomó su café, bien dulce como le gusta, y conversó.
La escuchamos en principio llenos de angustia, por verla y sentir que talvez en cualquier momento, ya no la veriamos más. Luego este sentimiento cambio por admiración. Ella estaba luchando con todos sus ánimos, reía y recordaba episodios que ya las más jóvenes habiamos olvidado. Ella está bien. Estamos mal los que no cargamos con su estado de salud y aún así nos quejamos.

