¿Qué Pasa?

El lado bueno

El lado bueno

Aunque a muchos les suene a una frase vieja y romántica, en estos momentos toma valor la muy repetida conferencia del autor mexicano Carlos Cuauhtemoc, cuando recalca que es vital para las personas tener un código de honor.

Este código, como el lo llama, son las pautas de tu vida, las maneras en que decides actuar para llegar a ser, la persona que deseas. Son los parámetros y reglas que cada uno se debe imponer cumplir para ser mejor persona y que cada padre debe tener claros en su hogar. Estos límites te dicen que hacer y que no, para lograr tus propósitos en la vida.

El autor dice cosas que encajan a la perfección en estos momentos convulsos, cuando plantea, basado en ejemplos, que los padres deben poner reglas a sus hijos a tiempo y establecer con ellos los códigos que permitan que en el futuro sean lo que deben ser. Ejemplifica acertadamente la historia de una madre que se le acercó después de una conferencia sobre este tema y le dijo que si la recordaba. El la miró y supo seguido que habia sido su vecina hace ya muchos años.

Al preguntarle por su hijo, ella le dijo que este era músico, se acostaba muy tarde y no andaba en buenos pasos porque consumía alcohol. Cuando le preguntó por su hija, ésta le contó con la cabeza baja, que salió embarazada a los 15 años, se mudó con su novio y supo que hasta la maltrataba. La señora le confesó entonces, que luego de la conferencia, habia entendido que en la crianza de sus hijos, le habia hecho falta establecer ese código de honor.

Horas después, cuando Cuauhtemoc regresó a su casa y le comentó a su esposa, esta le recordó que la señora que fue su vecina, era la que en ese tiempo llamaban la “Mama cucú”, porque tenia sus hijos por su cuenta y estos rompían ventanas, mataban pajaritos y dañaban todo en el sector, mientras ella solo sacaba la cabeza por la ventana para pelearles y quejarse de que no podía con ellos y los iba a acusar con su papá. Le pusieron la “Mamá cucú”, porque sus quejas por la ventana llegaban a todo el mundo y los vecinos decían que salía a cantar las mismas canciones cada vez que sacaba su cabeza. Vi este ejemplo tan claro que decidí compartirlo, porque a veces nos quejamos de nuestros hijos cuando son adultos, sin habernos preocupado por establecerles un código de honor, que da trabajo establecer, pero puede salvar sus vidas.

 

El Nacional

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