Viendo llorar a Verónica, cualquiera sacaría la conclusión de que las grandes fortalezas, en un determinado momento pueden convertirse en fuertes debilidades. Y es que ella, la mujer segura, preparada y valiente que todo el mundo tenia motivos para admirar, a veces dejaba a un lado esas cualidades y parecía otra persona. Ahí estaba ahora, frente a Mayra, la mujer de la que se enteró hace pocos meses que era la amante de su marido, la que le quitaba el tiempo que era para ella y sus hijos, y la que le achicaba la felicidad año tras año. Mirándola a los ojos, Verónica intentaba decirle el discurso fuerte que había ensayado para de una manera definitiva quitarla del medio. Intentó, pero no pudo. Y fue ahí, donde salió la otra Verónica, porque a cambio de todo eso que tenia en mente hacer, de sus labios salieron palabras que no sabe cómo ejecutó. Duró segundos muda, frente a ella, luego de tantos dias averiguando aquella dirección para enfrentarla y decirle lo que sentía.
La vio joven y bonita, la observó orgullosa y nada intimidada, y fue ahí cuando dejó escapar sus lágrimas y lloró con fuertes sollozos. Ya no podía dejar de llorar, era más fuerte que ella, pero tampoco recordaba ya, las palabras que ensayó para decir.
Cuando abrió sus labios, habló su corazón, y solo atinó a decirle, a rogarle, que dejara su marido, que por favor la ayudara a recuperar la felicidad perdida.
No peleó, rogó con la cara tapada para ocultar el llanto, mientras aquella mujer la miraba sorprendida de su actitud. Dejó de llorar minutos después y salió avergonzada de aquella casa, confundida talvez por las cosas que hizo y dijo. Triste, además, porque sabía que habia dejado salir una mujer que debió dejar guardada, porque en ese momento no era la mas adecuada. De todas formas, sean cuales sean las consecuencias de su actitud, ella, la que se consideraba la más valiente, habia confirmado que dentro de ella habia una mujer debil ante las cosas que ama. Era para analizar.

