Amigos por siempre
Los grandes amigos, luego de que tienes probado que son verdaderamente buenos, no son para perderse por tonterias. No son para olvidarse por un simple empujón ni un mal entendido que se puede aclarar. Y fue asi, de una de esas simples maneras, como Liro y Amelia se enemistaron de niñas y, de manera increíble, repararon este error siendo adultas, cuando ya habían perdido casi toda una vida separadas, por motivos, que ahora se daban cuenta de que nunca habían existido. Fue cuando eran estudiantes de secundaria y un buen dia, alistadas en una fila para entrar al aula de clases, de repente Amelia sintió que una fuerza que dominó su cuerpo la empujó hacia el piso duro de aquel patio. Cayó y el golpe fue tan fuerte que quedó por unos segundos tendida sin ánimos de pararse nuevamente, con la boca un poco rota y las manos peladas. Al pararse alguien dijo calladito: fue Liro quien la empujó, y a propósito miro a su alrededor y allí no estaba su adoraba amiga, su compañera de tareas, consejera y confidente.
Y así, comenzó a mostrarse indiferente con ella, sin saludarla no hablarle, hasta que definitivamente se hicieron enemigas de esas que no intercambian ni una sola palabra.
Con los años concluyeron los estudios, pasaron 20 años y Amalia, no dejaba de pensar por qué su gran amiga había tenido aquellos deseos tan fuertes de dañarla el dia en que la empujó. Ambas hicieron vida en diferentes lugares del mundo, pero un dia por casualidad se vieron de frente y se saludaron dejando a un lado los rencores. Fue allí cuando en conversación tranquilas, Liro preguntó a su amiga porque había dejado de hablarle. Amalia le contó y cual no seria su sorpresa cuando Liro le juró, que no había sido ella la culpable de su caída. Abrazadas Amalia le pidió perdón y decidieron tratar de recuperar el tiempo de amistad que habían perdido. Habían sido enemigas por nada cuando debieron ser en realidad amigas por siempre.
