El reciente rescate de los 33 mineros en Chile que durante 70 días permanecieron bajo tierra, demostró no solamente su coraje, sino la determinación de su Gobierno para rescatarlos.
En nuestro país, tenemos situaciones parecidas, pero carecemos de planes de contingencia apropiados para enfrentarlos.
Una de ellas es el Lago Enriquillo. Este lago posee una característica muy particular, y es que, a pesar de estar en una isla pequeña como la nuestra, tiene un 10% bajo el nivel del mar, con respecto al Mar Muerto que es el de nivel más bajo del mundo.
El Lago Enriquillo se ha desbordado de tal modo que amenaza con hacer desaparecer poblaciones vecinas, con el agravante de que sus aguas tienden a unirse con el lago Azuey, de Haití. Esto determina la urgencia de un estudio hidrogeológico para determinar las reales causas de ese desbordamiento, que no es solamente por las grandes avenidas del río Yaque del Sur, ni por las lluvias.
Ese estudio no solamente determinaría las causas del aumento del caudal de ambos lagos, daría un indicativo de lo que habría que hacer con respecto a las comunidades circundantes, afectadas por la reducción de sus predios agrícolas y ganaderos, a tal punto que se ha cobrado grandes extensiones de tierras productivas en el área circundante. Estas tierras, con aguas salinizadas, estarán fuera de producción por muchos años, aunque el lago se retire.
No basta con decir, en términos teóricos, que el lago está reclamando su cuenca. Es necesario establecer un plan de contingencia. Este es el momento propicio para hacer el estudio propuesto, porque existe un plan de reconstrucción luego del devastador terremoto en Haití. Aunque las crecidas no sean tan violentos, sí son amenazantes para miles de personas.
La República Dominicana es beneficiaria de un préstamo millonario para la mitigación de desastres, del cual podría disponerse de una partida para realizar el estudio hidrogeológico de los lagos mencionados, que se enmarca dentro de los parámetros de un posible desastre.

