Ante la violencia de género que enfrenta el país, y consciente de que nuestra juventud requiere de informaciones precisas que eleven su moral patriótica, pienso que es un deber dar a conocer a nuestros jóvenes y a las futuras generaciones, la conducta política de las Mirabal.
Ha sido una constancia que algunos hacedores de opinión pública, prefieran asirse de argumentos triviales para ocultar los verdaderos motivos que originaron el horrendo asesinato de estas jóvenes dominicanas, que marcaron con su sacrificio el derrumbe de la dictadura trujillista.
Siempre saco a relucir que a muchos historiadores les ha resultado siempre mucho más fácil resumir las causas de la primera guerra mundial con el asesinato del archiduque Francisco Fernández en Sarajevo, que analizar en profundidad, la posición política del imperio austrohúngaro en las guerras de los Balcanes.
En el caso de nuestras inolvidables heroínas, han sido muchos los escritores que han pretendido vender la idea, de que el alevoso crimen, que dio como resultado la inestabilidad del régimen trujillista en todos sus órdenes, está ligado a un hecho pasional, es decir, al rechazo que recibió el dictador Trujillo de Minerva, en sus pretensiones amorosas.
Resumir un acontecimiento de tanta trascendencia en un asunto pasional, es ocultar la realidad de los hechos y empañar adrede el gran legado de estas mujeres que simbolizan la lucha por las libertades públicas, el respeto a la dignidad y el amor a un pueblo que todavía sigue siendo digno de mejor suerte.
La realidad innegable de los hechos es que las Mirabal eran militantes políticas conscientes de su rol, sobre todo Minerva, y en menos proporción, Patria. Estaban conscientes del riesgo que corrían, y actuaban convencidas sobre la necesidad de acabar con esa dictadura sangrienta que oprimía al pueblo dominicano.
Nos corresponde, pues, por honestidad intelectual, presentar a las Mirabal por encima del mito, y presentarlas de carne y hueso, como dignas representantes de las mujeres dominicanas, que se atrevieron a ofrendar sus vidas para elevar el concepto de la dignidad a su máxima expresión. El acto de barbarie cometido contra las mariposas, fue un crimen político de Estado, que no debe mezclarse con trivialidades pasionales.
El enfoque, pues, debe ser político, no de historieta. Las Mirabal, sencillamente, como dijo una poetisa olvidada, «cayeron para hacerse eternas». Y yo diría que ellas supieron construir el camino de la heroicidad con hechos y no con mitos.
Las Mirabal han trascendido el marco de la dominicanidad para convertirse en un símbolo y por eso, la Asamblea de la Naciones Unidas aprobó en el año 1993, la Declaración sobre la Eliminación de la Violencia Contra la Mujer.
Los dominicanos debemos estar eternamente agradecidos de nuestras heroínas y recordarlas siempre, no solamente los 25 de noviembre, como símbolos de la dignidad.

