Tú no puedes llegar, plantarte y tomarte un partido, solo por estar aliado al poder político y económico de un expresidente. Que cinco jueces formen parte de este plan tampoco te da derecho a liquidar una fuerza sustentada en la base popular más amplia que pueda concitar agrupación alguna en nuestro país. Repetidas veces fraccionada y sometidas a infectadas disputas, en PRD ha sabido sobreponerse, respetando sus orígenes y valores, bajo el entendido de que sus raíces proveen la savia que le ha dado vida durante más de 70 años.
Los conjurados avanzan con el ex presidente Hipólito Mejía como blanco objetivo del plan de ocupación y uso de la marca PRD, carentes del respaldo masivo que legitimen sus acciones. En todos los estudios de opinión, fuera y dentro de ese partido, Mejía superar con mucho a su adversario Miguel Vargas, cabeza de la trama. El primero está lejos de ser, lo que se dice, juicioso y acertado en sus juicios políticos. Pero nadie ni siquiera sus más enconados adversarios pueden rebatir su capacidad de trabajo, liderazgo y amplia simpatía a los internos del PRD.
Si lo que se procurar es reunificar y sumar votos que de eso trata el ejercicio político-, las acciones del grupo encabezado por Vargas contribuyen a dividir y mantener alejado del poder al partido blanco. Por tanto, afilan cuchillo contra su garganta. ¿Adonde va un partido fraccionado? Pretender alcanzar el poder con una militancia escindida y diezmada, carente de un liderazgo propio es una aventura con previsibles resultados. No tienes que ser brujo para adivinar sus resultados.
Ni el más fervoroso y fanatizado seguidor de Vargas puede encontrarle condiciones algunas para atraer el respaldo de las masas, aún recostado en los símbolos perredeístas. El hábito no hace al monje. ¿Cuándo y dónde ha ganado una batalla un general sin tropas? Vargas pudo haber propiciado la ocasión de hacerse con un liderazgo, si no señero, moderado, pero la ha echado por la borda sometiendo a su partido a la más dura prueba de inconsecuencia y deslealtad. Sería, por tanto, una herejía compararlo con Bosch, Peña Gómez y Majluta, quienes consiguieron equipararse con las fuerzas perredeístas superarlas, en los casos de Bosch y Peña Gómez-.
Los componedores de conspiración contra el PRD podrían contar con el concurso de su presidente. Sin embargo, no la tienen todas a su favor. Presionar a una militancia acostumbrada a pelear bocas arriba, como la perredeísta, es como espantar las avistas. Mientras más las intimidas más te atacan y se multiplican. Convertir en victima a Hipólito, colocando entre la espada y la pared, es otro de los grandes errores de este plan. Si en algo se ha caracterizado es el manejar y salir airoso en situaciones adversas. Como buen cibaeño y confeso hombre del campo, sabe, como mansa ovejita, lo que hay que hacer para mamar su teta y la ajena. Anótenlo, y tomen asiento, que esto no se termina aquí.

