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20 anos no son nada, y ese estribillo de Gardel demostró su pertinencia cuando en el panel que organizara Rafael Emilio, en el Centro Leon, la gente opino sobre el concierto de Juan Luis y Silvio como si hubiese sido ayer.
En mi ponencia, preguntaba:
¿Qué explica la austeridad y ecuanimidad de Máximo Gómez en una época, en este nuestro país, de pequeñas guerras regionales y de guerra contra Haití?
¿Qué explica su rechazo al racismo, un racismo que hacía que en 1863 los negros dominicanos se llamaran a si mismos morenos españoles y a los haitianos perros haitianos?
Sobre el racismo, dice Máximo Gomez:
Muy pronto me sentí yo unido al ser que más sufría en Cuba y sobre el cual pesaba tan gran desgracia, el negro esclavo. Entonces fue que realmente supe que era yo capaz de amar a los hombres.
Y añade:
Yo fui a la guerra a pelear por la libertad del negro. Luego fue mi unión contra lo que se puede llamar esclavitud blanca, y fundi en mi voluntad las dos ideas y a ellas consagren mi vida. Pero a pesar de los años que han pasado, no puedo olvidar que acepté al principio la Revolución, para buscar en ella la libertad del negro esclavo.
¿Qué explica esta dedicación absoluta a una causa (la Revolución por la independencia de Cuba) que para la generalidad de sus compatriotas ni siquiera era la suya?
LA REVOLUCION COMO MUJER
Estudiando la vida de Máximo Gómez desde la óptica femenina, creo que podemos aventurarnos a afirmar que lo que explica su dedicación absoluta a una causa y un ideal es su relación personal AMOROSA, con la Revolución.
Para que la Revolución me encontrara más y mejor expedito (NOS DICE Máximo Gómez) acababa de cubrir con el polvo de la tierra los restos mortales de mi anciana madre y yo, que acababa de enterrarla a ella, me propuse tener otra madre: LA REVOLUCION.
Esta relación que es maternal: La Revolución como madre, es también amorosa. Asi ella, la Revolución, también encarna a la novia, con todos los atributos Calderonianos (pudor, dulzura, delicadeza). De esa novia, convertida luego (1883) en prudente consejera, habla Máximo Gómez en su carta a Serafín Rodríguez:
La Revolución le dijo al oído, pero él no quiso escucharla: Detente hijo, no me turbes ahora, en mi trabajo secreto y lento, pero seguro». «Da un poco de descanso a este valiente pero fatigado pueblo». Aguarda, pues que la hora llegará. Y tus impaciencias pueden retardarla.

