Si el narco no respeta ni la vida, no se puede esperar que lo haga con unas imágenes religiosas, por sagradas que éstas sean. La droga detectada en estatuillas de cerámica de la virgen de La Altagracia que serían exportadas a Nueva York y Pensivalnia es solo otra muestra de que el narcotráfico no desdeña recursos para conseguir sus propósitos. Y que las autoridades, por más a la expectativa que estén, no pueden bajar la guardia ni para coger impulso.
La confiscación de la cocaína y heroína en los íconos religiosos habla bien del celo y la eficacia de la Dirección Nacional de Control de Drogas (DNCD) en la lucha contra el narcotráfico. Había que estar muy a la expectativa –o muy bien informado- para requisar unas estatuillas que eran difíciles de llamar la atención. Pero que se utilice una imagen tan venerada como la de la virgen de La Altagracia es una señal bastante clara de que el narco es capaz de todo con tal de salirse con las suyas. Aunque no sea de extrañar nada de lo que se relacione con el narco.

