Detrás del oneroso contrato de la Barrick Gold, aprobado por el Congreso a la velocidad del relámpago porque hubo instrucciones del presidente del partido de gobierno, a la sazón presidente de la República y del presidente de facto del Partido Revolucionario Dominicano, hay jugosos beneficios que aún no han salido a la luz pública. ¡Y dudo que salgan!
Dicen las buenas lenguas que el dinero corrió en el Congreso. Esas mismas lenguas respetables aseguran que el lobbismo en el Palacio dejó sus frutos millonarios para una campaña electoral a destiempo.
Un funcionario del Gobierno le sugirió a la Barrick invertir en los medios de comunicación y entre los líderes de opinión para variar la percepción negativa en la población.
Dicen que un colega experto en trabajar con medios y líderes de opinión recibió cinco millones de dólares para distribuirlos entre sus pares. Es bien sabido que algunos comunicadores nucleados en un programa pidieron 250 mil dólares mensuales a través de un poderoso ministro, oferta que fue rechazada y luego renegociada en otros términos.
El nuevo gobierno, en vista del déficit de 200 mil millones de pesos que dejó Leonel Fernández, no solo hizo aprobar una reforma fiscal, sino que habló con ejecutivos de la Barrick para que le adelantara (o prestara) mil millones de dólares. Aunque esa versión fue desmentida, yo digo que es cierto.
Todos los que amamos éste país estamos en contra de la Barrick Gold. Pero debo admitir que estamos siendo utilizados como condón para presionar a la minera a una renegociación del contrato de Leonel y Miguel Vargas.
Pero debemos reconocer, como ha dicho el dirigente del nuevo PRD, y abogado de la Barrick, que el contrato no es ilegal. Se trata, sí, de un crimen de lesa patria.
Estoy contra la Barrick. Pero también estoy en contra de los que le dieron su visto bueno desde el Palacio Nacional, el Congreso y desde la oposición. ¡A la cárcel, a devolver el dinero! ¡Y comencemos a negociar de nuevo pensando en el país, no en los bolsillos de algunos! ¿Y es fácil?

