Opinión

El nuevo socialismo

El nuevo socialismo

NARCISO ISA CONDE
El tránsito a un nuevo socialismo puede tener como primer escenario las fronteras nacionales de un país o grupo de países.

En Cuba, tiene casi medio siglo de vigencia una revolución de orientación socialista, con un modelo de tránsito que devino en predominantemente estatista, modificado parcialmente –y no en el sentido de la socialización- después del inicio del llamado periodo especial.

En los hechos la voluntad de tránsito al socialismo ha ido expresada también en Venezuela con bastante claridad, acompañada de los primeros pasos en esa dirección.

En ese país hermano es claro un proceso hacia la revolución, que ha modificado significativamente factores del poder temporal y del poder permanente, y que inicia ahora una etapa de radicalización de esos cambios, vía reformas constitucionales, nacionalizaciones de áreas estratégicas y de otras medidas anunciadas recientemente.

En Ecuador y  Bolivia tienen lugar procesos de reformas avanzadas, cambios en le sistema político en dirección a una democracia participativa y medidas todavía insuficientes en el desmonte del neoliberalismo en crisis y en  la necesaria afectación del dominio capitalista-imperialista, junto a proclamas esporádicas en favor del “socialismo del siglo XXI”.

En otros países, si bien es clara la inclinación del electorado por opciones proclamadas de izquierda y centro-izquierda, la conciliación de las candidaturas triunfantes con el viejo orden neoliberal es más que evidente; así como la proclividad a no traspasar los límites de lo permitido por el imperialismo estadounidense.

Como consecuencia de la gran crisis capitalista mundial, a todas luces agravada y multiplicada en las últimas décadas en el contexto de la restructuración neoliberal; evidente la tendencia a la depresión y al colapso del sistema, en marco de la convergencia de múltiples crisis de raíz estructural y evidente también el descrédito de los modelos neoliberales, brota en las alturas del sistema la idea de volver a las recetas keynesianas, al rol interventor y regulador del Estado, lo cual que podría gravitar sobre no pocos países en proceso hacia cambios de profanidad, tanto en sentido negativo como en sentido positivo.

Unos podrían proponerse la superación parcial o total del neoliberalismo por la vía capitalista keynesiana y otros por la vía antiimperialista y antisocialista en dirección al nuevo socialismo

Con grados diferentes de intensidad y firmeza, el tono antiimperialista es común en Cuba, Venezuela, Bolivia, Ecuador y Nicaragua. Y no solo, sino que mientras en Cuba y Venezuela la orientación anticapitalista y pro-socialista presenta hechos y señales incontrovertibles, en Ecuador se adopta como propósito a más largo plazo y en Bolivia – sin que se manifieste homogéneamente- tiene también expresiones dentro y fuera de lo institucional, aunque evidentemente más débiles. En Nicaragua la dirección del FSLN hasta la fecha obvia ese trascendente tema.

El hecho real es que estas realidades, con su altos y moderados desniveles (según las comparaciones posibles), se diferencian de las de Brasil y Uruguay; ni hablar de la existente en Chile, donde las políticas y los modelos neoliberales siguen campantes (aunque atenuados), y donde gobiernos asumidos por fuerzas autodenominadas de izquierda o centro izquierda, se han convertido en opciones del capitalismo dependiente en los aspectos esenciales de su gestión, salvo algunas políticas sociales plausibles y a algunas posiciones independiente puntales en política exterior.

En Venezuela, Ecuador y Bolivia, más en el primero que en los otros dos, puede hablarse de las posibilidades actuales de transformaciones profundas, de proyectos de sociedades post-neoliberales, influidos por ideas socializantes. Y esto refuerza la actualidad del socialismo como alternativa al capitalismo, conscientes sí que el proyecto transformador en esos países apenas está en sus albores.

Cuba resistió los efectos demoledores del colapso del “socialismo irreal” y de la desintegración de la URSS, hasta que su revolución empalmó con este nuevo auge revolucionario y con un periodo en el que se plantea con mucha razón la necedad de un socialismo diferente, nuevo del siglo XXI. Y esa confluencia en el tiempo –y a tiempo- le imprime una mayor subjetividad al proceso y eleva la mística continental a favor de los nuevos cambios. Sobre esto, seguiremos hablando.

El Nacional

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