La pobreza extrema en que vive una familia en Maguá, distante a 27 kilómetros de Hato Mayor, no le ha permitido que en el siglo XXI a su hogar haya llegado el desarrollo económico o la globalización en la vivienda techada de cana y piso de tierra.
Los esposos Nancy Medrano y Cándido Vásquez, de 57 años, que residen junto al hermano de éste último, Tomás, de 60 años, y al nieto de la pareja, Alejandro Vásquez (Doñín), de 4 años de edad, están sumergidos en la marginación.
Empero, la familia cifran sus esperanzas de que algún día tendremos una casita con un piso de cemento, y de enviar al niño a una escuela.
La familia no tiene estufita de gas propano donde cocer los alimentos, ni muchos menos cuentan con energía eléctrica. Apenas tienen tres calderos para preparar sus alimentos, y una lata de salsa de un kilo llena de tizne para hervir víveres o habichuelas que colocan en un fogón de cuatro piedras.
La pequeña vivienda tiene junto sala comedor y habitación, se observan un viejo mosquitero, ropas colgadas en clavos y otras en soga.
Los rostros de los hombres lucen cansados, maltratados y castigados, por la edad o quizás por el solo que le ha castigado durante las jornadas de trabajo, y su languidez a lo mejor es por la desnutrición por los pocos alimentos que consumen, porque a veces sólo cocinamos una sola vez al día, dijo Tomás.
Los hermanos Vásquez y el menor , cuando fueron entrevistados estaban solos, pues doña Nancy había viajado al Ingenio Consuelo a atender a su hija, la madre de Alejandro, que dijeron confronta problemas mentales.
La pareja de esposos duerme en un viejo colchón, y Tomás en otro que tira al suelo, a expensa del peligro de que pueda ser mordido por una rata o picado por algún insecto, porque cuando llueve no podemos dormir pus aquí llueve adentro y escampa afuera.
Don Tomás con una gorra colorá del PRSC se queja de los políticos que sólo van allí en campaña electoral y le hacen promesas que al final se quedan en el aire.
Ante la pobreza extrema piden al Despacho de la Primera Dama, la Lotería Nacional, la Oficina de Desarrollo de la Comunidad (ODC), el Plan Social de la Presidencia u otra institución públicas o privadas, a ir en su auxilio y lo ayuden a cambiar su actual medio de vida y al final de nuestras vidas.
Cándido y Tomás no tienen un trabajo fijo, y subsisten echando días a 150 pesos, cuando aparecen, pues a nuestra edad no nos dan trabajo.
Expresan deseo de trabajar para mejorar su casita. Desde hace años, logramos construirla en un pedazo de tierra que nos dio nuestro padre, pero no tiene piso de cemento, la madera está podrida, llena de hoyos y cuando llueve todo se nos moja.
Dicen que aunque viven en condiciones deprimentes, no harán nada malo, pero sueñan con cambiar de situación económica para que su nieto Doñín viva mejor y pueda ir a una escuela para que aprenda a leer y escribir.
Confiamos que cuando salgamos en el periódico, algunas gentes o institución se duela de nuestra situación, y nos traiga la alegría que hemos esperado por años, que nos ayuden a reconstruir la casita y nos regalen algunos ajuares que no hemos podido comprar o al menos una estufita donde cocinar la comida, expresó Tomás.
La joven Marlene Santana, preocupada por la situación de la familia y el menor que reside con ellos, dijo que ese niño aparenta estar sano porque corre y camina normal, pero requiere que lo lleven a un médico para que lo evalúe, pues sus ojos reflejan que sufre de desnutrición.
Para cualquier información para ayudar a esta familia pueden comunicarse con Santana al teléfono (829) 342-3373.

