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El otro Duarte

El otro Duarte

Ramón Rodríguez

No es criticable que algunos de nuestros escritores hayan enfocado la personalidad de nuestro padre de la patria: Juan Pablo Duarte, derrochando amor en sus escritos y proyectando al insigne patriota más cerca del cielo que de la tierra. Todos esos impulsos de amor a nuestro padre espitual son válidos, pues Duarte cruzó el pantano de la política sin manchar sus alas la hora de iniciar el vuelo a lo desconocido aquel triste 15 de julio de 1876.

Lo cierto es, que el otro Duarte, fue fruto de acontecimientos políticos mundiales de alta categoría histórica para la humanidad. Por lo tanto, es una responsabilidad histórica, presentarlo a ésta y las futuras generaciones como el Duarte transfomador de su realidad en base a sacrificio, valentía, y amor insuperable al terruño que lo vio nacer.

Duarte es el resultado de la Revolución que encabezó el general Rafael del Riego en 1820, para imponerle al rey Fernando Vll la Constitución liberal de 1812. Duarte vivió en Barcelona y asimiló en carne viva la efervescencia con que los pueblos europeos luchaban por derrocar a los reyes y a las monarquías para conquistar sus derechos sociales y políticos en las revoluciones de 1830 y 1848.

No me opongo a que se destaquen sus habilidades para los idiomas, la historia, geografia, la esgrima y sus condiciones de gran observador de los acontecimientos, pero en esencia, hay que decir a nuestros jóvenes, que Duarte es el resultado de un siglo XIX totalmente convulsionado. Un Napoleón Bonaparte que sembraba la incipiente burguesía y la consolidación de los Estados Unidos que tan impresionaron a Alexis de Tocqueville. El mérito fue que haciendo uso de un «marxismo» desconocido para él, hizo todo para transformar y luchar por una independencia sin ninguna atadura extranjera.

El Nacional

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