El actual presidente de Colombia, Juan Santos, no es santo de mi devoción. Nunca olvido que fue jefe de las fuerzas armadas de ese país durante las terribles masacres de los campesinos de Colombia, por las fuerzas organizadas, primero por el padre de Uribe, fundador de los escuadrones paramilitares, y luego por el propio Uribe, una de las figuras más funestas de la historia política latinoamericana.
Empero, debo reconocerle inteligencia. Y es esa inteligencia la que lo ha conducido a pactar la paz con las guerrillas, un clamor de la sociedad colombiana, aunque aún está por verse que harán con los guerrilleros una vez entreguen las armas.
Lo que le pasó a las guerrillas cuando crearon un frente amplio para participar en las elecciones, movimiento al cual le asesinaron en un año tres mil militantes, incluyendo a su candidato presidencial, no es algo a pasar por alto. De ese proceso resalta la inteligencia de Marulanda, (a quien las fuerzas paramilitares le violaron y descuartizaron la madre cuando era apenas un niño), quien se negó a bajar de las montañas porque no confiaba, y el tiempo le dio la razón, en las buenas intenciones de Santos, entre otros.
Es esa inteligencia la que la ganó el Nobel de la Paz, y es esa inteligencia la que ahora le permitirá salir del tollo de la Odebrecht en Colombia, la cual también financió su campana electoral. Por cierto que leyendo sobre la Odebrecht entiendo porque aquí Félix Bautista, bajo la dirección de Leonel Fernández, se metió a financiar las campañas electorales del Perú y Guatemala. Dos Odebrechitos, estudiantes aventajados de una estrategia que a esa compañía brasilera le gano millones de dólares.
Y la estrategia que ha utilizado Santos es pedir perdón, algo que a los políticos dominicanos les resulta tan difícil, dada la proverbial soberbia que los caracteriza en todos los renglones. El PLD, tiene una pléyade de soberbios ya legendarios, con muy pocas excepciones. Y conocemos bien la soberbia en otras organizaciones políticas y Fundaciones.
En 2017 aun esperamos el mea culpa de Hipólito, con respecto a la condena de Cuba en la ONU y al manejo de las cuentas del Baninter, (devolución a los multimillonarios de todos sus ahorros a cuenta de las cuentas nacionales) hechos que le costaron la presidencia.
Y aun esperamos que Danilo reniegue de lo que dijo Reinaldo, tratando de confundirnos con aquello de que no es amoral que una corporación done dinero a una campaña y obviando decir que si es amoral cuando se hace como soborno para lograr un jugosísimo contrato.
Por suerte mantenemos un archivo, no para no perdonar, sino para no olvidar, que no es lo mismo.

