Opinión

El poder es inescrutable

El poder es inescrutable

Si no lo sabrán muy bien Leonel Fernández e Hipólito Mejía: las fuerzas del poder son inescrutables. Superadas, apenas, por el sagrado e infinito de Dios. Tan aplastantes como proveedoras en exceso, te hunden o te levantan.

Otorgan y quitan, de forma que la relación dinero-poder es inevitablemente biunívoca. Van de la mano. Verdad de a puño con la que Balaguer escribió y llevó su agenda. Invariable.

Nuestra historia reciente registra sólo un par de ascensos políticos fuera del influjo del Estado.

De Trujillo a esta parte Antonio Guzmán e Hipólito Mejía fueron la excepción a la regla, sólo en virtud de un mito llamado PRD, hoy día reducido a un lamentable club de empleados del gobierno y sobrados “peledeistas gratuitos”. Dos de las tres victorias de Leonel contaron con la sobrilla oficial, auspiciada por Balaguer, luego por dominio propio.

El retorno de Leonel obedeció a una crisis inducida

Obviar la regla balaguerista en este sentido llevó al presidente del PLD a confiar en el eterno retorno, ley histórica que pudo haber gravitado a favor de Balaguer en 1966 y 1986 en circunstancias especiales y condiciones económicas explosivas, fuera de control.

Esa parece no ser la situación actual, a menos que el presidente Danilo Medina esté barriendo para adentro, ocultando la basura debajo de la alfombra. El regreso de Leonel en el 2004 obedeció incluso a una crisis supuestamente inducida. Pero ya es harina de otro costal.

El presente cuadro económico acusa variables inciertas a la que no es bueno apostar a la hora de proyectar un cambio de mando, dentro o fuera del PLD. Leonel tiene la mano en la cabeza desde que, en el 2016, Danilo hizo a un la lado la alternabilidad como opción dentro de la anunciada permanencia morada hasta el 2044. Un juego de poder que, a la luz de los acontecimientos internos, puede tornarse en un juego de palabras con un plan truncado. Probabilidad latente mientras el ex mandatario y presidente del PLD respire.

Sin embargo, las fuerzas del poder danilista avanzan con la firme amenaza de no dejar vestigios del leonelismo. “El poder me venció”, se convirtió en una frase lapidaria que aun retumba en el oído de uno y otro bando.

A todo esto, la sociedad aguarda por una respuesta efectiva de la oposición ante un teatro político donde la corrupción se adueña del escenario, como fuente enriquecedora, propiciadora y sostenedora.

Para quieres aspiran sustituir a Danilo, incluyendo en el mismo PLD, es un discurso reivindicativo. Aunque hay quienes dicen que nadie puede tirar la primera piedra. ¿Y la justicia? Bien, gracias.

El Nacional

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