Alberto Quezada
quezada.alberto218@gmail.com
La reciente destitución del ministro de Salud Pública, doctor Plutarco Arias, no puede verse como una simple u ordinaria cancelación del jefe Estado en el tren gubernamental.
No, ahí subyacen otras cosas y se ocultan algunos elementos y detalles muy distintos a los que las autoridades han tomado para despedir a ese funcionario.
Hasta el momento, las imputaciones que se le atribuyen al ministro saliente son una supuesta alteración de precios a unas mascarillas para prevenir el Covid-19, la cual envuelven cientos de millones de pesos, así como una presunta venta de nombramientos en la entidad sanitaria. Eso es lo que se conoce y lo que en algún momento se ha dicho que investigan Ética Gubernamental y Compras y Contrataciones.
Ahora bien, ¿son esas las reales causas de esa destitución?, ¿hasta ahí es que han llegado las indagatorias del Gobierno en esa cartera rectora del Sistema de Salud?
Bueno, si esos han sido los únicos y exclusivos hallazgos y motivaciones encontrados en la entidad para despedir al doctor Arias, pienso que se han quedado cortos.En el Ministerio de Salud Pública existe desde hace décadas, al igual que en otras instituciones una mancuerna entre políticos, suplidores y empresarios, que se reparten los Comités de Compras para obtener las millonarias compras de equipos, insumos y medicamentos de alto costo. .
También, los investigadores anticorrupción deben enterarse que esa misma mancuerna controla direcciones para hacer sus diabluras y que sus pagos sean los primeros. Estos circuitos mafiosos son tan poderosos que hacen de los ministros, en muchos casos verdaderos rehenes de sus maquinaciones y de las leyes y normas institucionales un pedazo de papel.

