Opinión

El político de estos tiempos

El político de estos tiempos

Estamos en los albores del siglo XXI, y el escenario de hoy, bastante más competido y exigente que el de las décadas de los 70 y 80, demanda que sus dirigentes no solo tengan conciencia de los múltiples problemas que nos abruman, sino también capacidad para evaluarlos y resolverlos. Sin embargo, en la nómina de políticos aparecen todavía  narcisistas que en lugar de reflexionar sobre la situación, pretenden seguir vigentes rememorando episodios de protagonismos irrelevantes.

 Un decano de la política fue recientemente incapaz, durante una larga comparecencia televisiva, de analizar las causas de la pobreza, de las desigualdades y del desempleo. Lejos de abordar con tino temas fundamentales, se la pasó contando anécdotas soberanamente aburridas, sepultadas por demás en el olvido.

Ese egocentrismo no seduce ya. El que no esté en condiciones de presentar propuestas de desarrollo, de analizar la calidad de los servicios públicos, de los sistemas educativo y de salud, de valorar las consecuencias del déficit presupuestario y del incremento de la deuda pública, en fin, de enjuiciar el origen de las insatisfacciones colectivas y formular sugerencias, difícilmente pueda asegurarse espacio en las preferencias electorales. 

Estoy convencido de que los políticos que eluden responder preguntas puntuales con cotilleos o tangentes habilidosas, encubren su incapacidad de análisis y conceptualización. Poco importa que los mecanismos de representación popular hayan sido invalidados en los tres últimos procesos por el uso de los recursos públicos, pues la sociedad ha aprendido a separar la paja del trigo.

Constituye un irrespeto a la audiencia comparecer a programas desprovisto de un discurso crítico, sin conciencia de las causas del malestar social, y sin propuestas renovadoras que sirvan al menos de marco de discusión para la elaboración de políticas públicas que nos permitan levar las anclas del subdesarrollo.

El Nacional

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