Opinión

El rábano por las hojas

El rábano por las hojas

No es casual que el coro que han montado el Gobierno, sectores de la Iglesia católica, el empresariado y otros grupos de poder para desviar hacia el Código Procesal Penal y  el Código del Menor de la alarmante participación de jovencitos en la creciente ola criminal que azota a República Dominicana. La marea no tiene sólo su mea culpa, sino su trasfondo político y social. La justicia está de por medio. Con endurecer las penas, juzgar a los menores como adultos ni la ley de los intercambios de disparos desaparecerán las causas que inducen a mozalbetes a trillar, sabrá Dios por cuáles razones, los senderos del crimen. Humillantes dádivas, ejercicios retóricos y vacuos sermones no son la verdad ni la luz contra la inmoralidad y la pobreza. Pero hay que buscar culpables antes que admitir que las condiciones políticas y sociales se han convertido en un terreno fértil para esa violencia que, con ribetes macabros, se pasea por todos los estamentos. Antes que desempeñar el papel que les asigna el propio sistema, sectores que hoy culpan a los códigos han allanado a través de la corrupción, la impunidad, el abandono, las injusticias, la coerción y otras acciones punibles, el camino de la delincuencia y la criminalidad a esos jovencitos. Hijos de la calle, del desempleo, desorientados, sin medios para educarse o víctimas de los vicios que el sistema social les ha inoculado no encuentran otros medios para subsistir que no sea el que el propio sistema les transmite. La respuesta a una problemática que se manifiesta desde hace tiempo se sabe que no está en la modificación de los códigos para endurecer las penas. La respuesta está en que el Poder asuma su rol para combatir las causas, bien identificadas, por demás, que llevan a tantos jovencitos a tomar el sendero de la violencia para subsistir o satisfacer las necesidades que les crea el propio régimen.

El Nacional

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