El presidente Leonel Fernández reparte canastas y el secretario de Interior y Policía, Franklin Almeyda, organiza cenas navideñas en los sectores donde se aplica el mal llamado Programa Barrio Seguro. El Presidente cenará en un barrio pobre… ¿Qué otro elemento falta para elaborar una crónica de la cursilería en el intento de borrar las que han generado escándalos como la compra de las motocicletas Harley-Davidson, los intercambios de disparos y el dispendio que hace evidente el saqueo al Estado?
Las fotos repartiendo dádivas (editadas para ocultar los empujones y culatazos que reparten los militares) son posibles porque más de la mitad de la población en edad productiva trabaja en el sector informal o no tiene empleo. Las cenas en barrios populares forman parte del ejercicio demagógico de funcionarios que sonríen y estrechan manos tratando de minimizar el costo político de la coerción de clase, hoy convertida en política de ejecuciones numerosas.
Leonel Fernández y sus asesores reafirman su apego a la tradición balaguerista al utilizar la estafa y la manipulación politiquera como recursos para mantener la estabilidad política.
En una entrevista concedida al periodista Huchi Lora, Almeyda dijo que en los Barrio Seguro residen más de dos millones de personas. Y es cierto, pero se trata de una proporción de la población sin acceso a la educación y que es víctima de la precariedad en los hospitales públicos.
De ese sector proceden también la mayoría de los jóvenes ejecutados en acciones que la actual gestión policial, con la cual Almeyda está identificado, sigue presentando como intercambios de disparos.
Esas víctimas (delincuentes o no), no estarán en las cenas ni buscarán canastas. Tampoco las personas muertas por error cuando patrullas policiales disparan sin averiguar quién caerá. Y podrían estar ausentes los numerosos jóvenes mutilados por delinquir sin pasar al boa la cuota que es su alimento, o sencillamente por coincidir en un lugar con los representantes, con o sin uniforme, de algún ente de violencia.
La mención de los ausentes, deja ver la vulnerabilidad de los que acudirán: hombres y mujeres, niños y niñas. Las máscaras no son para uso permanente.
Miguel Vargas, hoy socio de Leonel Fernández, no puede denunciar esta realidad, porque, igual que Hipólito Mejía, su rival, está sucio del mismo lodo. Los dirigentes del PRSC no pueden hacerlo, porque ese ejercicio demagógico es parte de la herencia de Joaquín Balaguer.
Cajas y culatazos, es una mezcla que denuncia la demagogia… Este sistema político empobrece y mata. Sus jefes sonríen y estrechan manos, pero no logran ocultar con ello sus filosas garras…

