Opinión

El Sol y la democracia real

El Sol y la democracia real

El Sol en España se posó en la Puerta del Sol de Madrid y se irradió por el país ibérico, transformado en centenares de miles de jóvenes que demandan democracia real, debido a que la llamada democracia española  no es tal.

Lo de “real” no es por favorecer al rey, sino porque la existente es falsa. La de aquí es peor. Arturo del Tiempo es el enlace entre las dos. Son “democracias”  de  banqueros, magnates capitalistas, mafias políticas, cárteles y corporaciones. 

Seudo-democracias  que generan elites opulentas, desempleo, subempleo, desprotección social,  alineación, xenofobia, depredación, corrupción, narco-corrupción, sobre-explotación, adultocentrismo, machismo, saqueo y delincuencia de todo tipo.

 “Democracias” mentirosas,  administradas por partidocracias despreciables, que operan indistintamente -y con la misma perversidad –  como gobierno y como oposición. 

Es un sistema negador de participación y decisiones colectivas, siempre al servicio de cúpulas privadas  y privatizadoras.

 Aquí, más aun.

En España mucha  gente se hartó de eso y decidió convertirse en Sol de la democracia real. Sencilla y profunda demanda acompañada de reclamos de empleo,  seguridad social, vida digna…

Aquí se habla de la necesidad de una verdadera democracia, participativa, diferente,  integral. Se lucha por alimentos, luz eléctrica, empleo,   salud, cese de la impunidad, fin de la criminalidad policial.

El problema es que todavía esas propuestas y esas luchas, inestables y  desarticuladas, no han logrado crear un nuevo  sujeto político-social diferenciado y contrapuesto a la partidocracia y a la clase dominante-  gobernante, capaz de tomar las calles con la demanda de democracia real en el centro de su determinación.

 Aquí el Sol de la democracia real no ha sido apropiado por la juventud y el pueblo, aunque hay indicios de que podría hacerlo.

 Crece la percepción de esa necesidad, pese a que una parte de la izquierda partidista no quiere entender que el camino no es el electoralismo ni la aceptación de las reglas del sistema, ni la imitación de los métodos de la derecha, ni la simple sumatoria de  siglas al margen de los nuevos sujetos potencialmente insumisos.

Hay que dar rienda suelta a la imaginación para auspiciar lo diferente.

El Nacional

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